Viaje. T31RBEE
Al inicio, el frío obligaba a estar bien arropado y al final, el calor era tan intenso, que se debía salir de todo el ropaje que le cubría y ponerse en interiores para calmar el sofoco intenso.
Por la ventana, aparecían los paisajes con neblina y, al transcurrir su trayecto, se encontraban extensas planicies que parecían no tener fin y las nubes se disipaban a lo lejos del cielo. Pasaban las horas. Nada que llegaban a la ciudad de destino. Al lado del asiento que ocupaba al parecer iba un anciano cuyo propósito era ir al pueblo que lo vio nacer.
—Señor, ¿usted de dónde viene, para donde va?
—De la capital hacia la provincia.
—Y si se puede saber, ¿cuál es el propósito de su viaje?
— Estoy recorriendo mis últimos pasos.
—¿Y usted?
—Yo también.
Entretanto, el paisaje se oscurecía y solo se sabía dónde se estaba por las indicaciones del conductor de las vías terciarias que soñaban ser autopistas. De un momento a otro un freno brusco y obligado. Una banda de asaltantes haɓia ordenado con sus armas a los pasajeros que se bajaran del bus.
Decía que, después de habernos requisado, nos obligaron a ir con ellos y adentrarnos en las montañas. El viaje se había vuelto incierto, altamente riesgoso y ahora a pie. El camino conducía por unos peñascos que daban vértigo al mirar al fondo sus profundidades. La bajada era por una trocha que conducía a unos cambuches metidos en medio de cercas hechas con alambre de púas. Llegaba la noche y los mosquitos que se alborotaban alrededor de la luz de las velas. Las chicharras no cesaban de zumbar con sus chillidos, los aullidos sonaban cercanos. Los guardias exhibían sus armas amenazantes y uno que otro decidía conversar con los prisioneros, averiguando de dónde venían y qué hacían, asunto que solo supieron en el curso del accidentado viaje. No se sabía si era un secuestro para conseguir dinero a cambio, o retenernos de manera indefinida para condicionar alguna decisión de intercambio de prisioneros. Así pasó la noche con incertidumbre y en vela. Los días se hacían interminables y era muy difícil conciliar el sueño. Llegó el momento del traslado a otro campamento, dado el asedio de los militares. Pensábamos que posiblemente podíamos terminar con fuego cruzado. Las balas silbaban muy próximas y las posibilidades de fuga se hacían cercanas. En un descuido de los guardias, me tiré por un barranco y, después de dar varias volteretas, caí al borde de un sendero que seguí hasta dar con una casa donde me indicaron cómo llegar a la carretera a la que me dirigía. Una vez estaba en la vía, alcé la mano a un vehículo que transitaba hacia un destino que no reconocía. Me recogieron y fui hasta el paraje más cercano para retomar mi destino. Durante el trayecto quedé sumergido en un sueño profundo y, al despertarme, llegué a un pueblo que no reconocía. Pregunté al vecindario dónde quedaba Florencia, ciudad de mi destino. Me respondieron que primero debía llegar a dos pueblos intermedios y después me encontraría con mi destino, como en efecto sucedió. No sabía cuanto sería el tiempo de mi estadía, una vez recorriera las calles que conducían a los sitios que en mi infancia viví. El trayecto atravesaba la plaza principal y el batallón de donde las tropas frecuentemente entraban y salían. Llegué al colegio donde estudié mi primaria y recordé las veces en que, presentando mis evaluaciones, me anticiparon buenos resultados. Seguido fui a la iglesia donde hice mi primera comunión. Llegué al lugar donde alquilaban bicicletas y monté en una de ellas yendo hacia el aeropuerto. Al regreso estaba extenuado, decidí tomar un descanso para reponerme. Una vez recorrí los diferentes lugares, regresé en un vuelo que me librara de un nuevo asalto. Al aterrizar en el aeropuerto, pensé que este viaje accidentado sería de los últimos que haría, como en efecto lo fue. Los recuerdos del viaje se habían vuelto realidades que no había imaginado y se fueron disipando día a día. El anciano que me preguntaba de dónde venía y a qué iba, no apareció por ningún lado. Pensé que me lo había imaginado en el viaje que recorría mis últimos pasos y que se trataba de mi.
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