Presencias T30EE
La casa que habitaba estaba al fondo del zaguán, rodeada de pasto recién cortado, de una diversidad de flores —entre ellas, las negras— y de un eco de voces como venidas desde lejos, señales que se van presentando de vez en cuando. Su ingreso debía ser apresurado, pues se hallaba frente a una de las calles donde más solían aparecer saltimbanquis y callejeros; había que llamar con anticipación para que la esperaran en la entrada y poder ingresar de inmediato. Su construcción era antigua y los pasadizos, oscuros. Ya no había manera de entrar; en efecto, parecía que los fantasmas se la hubieran tomado. Desde que supo que su enfermedad era incurable y que sus días estaban inexorablemente contados, decidió distanciarse de sus amistades, no contestar sus llamadas ni escribirles. A cada uno le dio su conversación de despedida. Fue tanto su aislamiento que hasta su cuerpo parecía desvanecerse, elevarse hasta el techo y deambular por las paredes. Empezó a comunicarse a través de los sueños y se...