Un justiciero ajusticiado
Un justiciero ajusticiado El era un hombre normal, entre blanco y mestizo, de mediana estatura, con treinta y tres años encima, frente ancha, ojos castaños, y los labios comprometidos con las luchas sociales. El sentido de su vida era protestar contra todo régimen ilegítimo, fuera el que fuera, sin distinciones discriminatorias. Todo un anarquista. —Hno, todo lo que esté al alcance hay que hacerlo. Esto incluye el atentado contra ese hijueputo dictador. En un país con la pena de muerte de facto, todo lo que se hiciera contra el dictador estaría justificado—dijo. —Si, es considerable. Bien recuerdo no hace mucho, cómo volvió a reprimir a fuego de fusil, en la última manifestación en que se produjeron treinta y tres muertes, toda una masacre—le contestó el infiltrado I. Su casa era cercana al palacio presidencial y la preparación del atentado se le facilitaba con la respectiva ayuda. Era estar pendiente y cronometrar las rutinas de entrada y salida, y neutral...