Viaje. T31RBEE
Sabía que el trayecto de su viaje terrestre iba a ser largo y atravesar varias ciudades, en las que las costumbres eran diferentes y los riesgos estaban anunciados. En unas se acostumbraba mi chatico, en otras su merced y en el de la llegada mi cuate sureño. Se podía caminar con libertad y sin miedo. Al inicio, el frío obligaba a estar bien arropado y al final, el calor era tan intenso, que se debía salir de todo el ropaje que le cubría y ponerse en interiores para calmar el sofoco intenso. Por la ventana, aparecían los paisajes con neblina y, al transcurrir su trayecto, se encontraban extensas planicies que parecían no tener fin y las nubes se disipaban a lo lejos del cielo. Pasaban las horas. Nada que llegaban a la ciudad de destino. Al lado del asiento que ocupaba al parecer iba un anciano cuyo propósito era ir al pueblo que lo vio nacer. —Señor, ¿usted de dónde viene, para donde va? —De la capital hacia la provincia. —Y si se puede saber, ¿cuál es...