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Escena inolvidable T15 EE

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Al entrar en la canasta del globo se le volvió a intensificar el miedo premonitorio, aquel que le habían dicho se le disiparía en el transcurso del viaje.Dentro de la canasta y listo para alzar el vuelo, metido en su enorme y profundo vientre, se obnubiló viendo la corona en su envoltura multicolor. El miedo y   la brisa lluviosa de las primeras horas de  la brisa mañanera que anunciaba el viaje.  El estar en tierra y ahora aprestarse para alzar en vuelo vertical, lo aterraba. Su costumbre cuando viajaba por los aires era la de ascender en forma oblicua, y al alcanzar una altura promedio, se desplazaba en forma horizontal a una velocidad crucero que en nada se asemeja a la del globo, salvo la del estar también volando, uno en  cohete y el otro a pie por las nubes.      Ya iniciada la marcha no hay camino atrás. Como le habían dicho, el miedo posiblemente se le iría a disipar embrujado por la fantasía. Se trataba de vivir un ensueño por m...

A fuego lento. T14. RV— EE.

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   Hacía muchos años que se conocían. Estudiaron juntos en el mismo colegio, se acompañaban en las horas del recreo y se ayudaban con las tareas. Iban seguido al cine y a las fiestas que programaban con entusiasmo. En la universidad mantuvieron la misma rutina, hasta que llegó el momento en que ya no sabían qué sentían el uno por el otro. A veces los confundía: no distinguían si eran de amistad o de un enamoramiento no confesado. La costumbre de verse sin avanzar les pasaba factura y los dejaba en la incertidumbre. —Hola, Cristóbal. ¿Cómo estás? —dijo Milena, decidida a conversar. —Bien. ¿Y tú? —He notado que de un tiempo para acá me esquivas la mirada cuando nos encontramos; cuando intentamos hablar, te vuelves disperso y, al final, no me dices nada. Siento que me evades. ¿Por qué lo haces? Cristóbal se pasó la mano por el cuello, miró hacia los lados y siguió disperso, dándole vueltas a la respuesta. —No te evado. Es que ando tan ensimismado leyendo y pensando ...

Esperanza T13.EE

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Esperanza, después de varios días de la posible desaparición voluntaria de su exmarido en el barco crucero, decidió reencontrarse con su viejo amor. Era tanto su hastío por unas relaciones indignas, en las que no se respetó la diversidad de aceptarla como es, o en la intimidad de sus encuentros amorosos, que invadió sus espacios privados haciéndolos públicos con sus amigos, o la integridad de su cuerpo que lo expuso al peligro de ser violentada y que interponía cuando era amenazado; la libertad de sus pensamientos, de no dejar decir nada, hasta el honor de su persona que lo dejaba en entredicho y con una reputación dudosa. Recordó que la última vez la amenazó con desaparecerse, pero como tantas veces, quedaba en amenazas incumplidas. No pudo creerle. Sus reflexiones las hacía al caminar desde su apartamento hasta el parque, donde sería la cita después del viaje en que se encontraron en aventura con Cristóbal. Atravesó la avenida por el puente peatonal y un par de calle...

Desaparición voluntaria

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El viaje en el crucero se podía ir al traste; había fuertes huracanes fuera de temporada, propios de estos tiempos del clima impredecible. Hasta que no se aplacaran, no habría modo de embarcarse. —Lo mejor es que aplacemos el viaje y nuestros planes—le dijo él—. Todavía tenía dudas de hacer lo que habían acordado, lo haría a regañadientes. —No, téngalo por seguro que ya desaparecerán; así ha venido sucediendo y la pasaremos bien, cada uno por su lado—le contestó ella— reafirmando lo que se habían propuesto. —Está bien, viajaremos por el mar, la suerte está echada, al final nos separaremos—le contestó él a regañadientes—. El hecho es que llegaron al puerto turístico de la terminal marítima de transporte  y ahí hicieron una larga fila que conducía por barandas metálicas al despacho portuario de la aduana. En la fila, él o bservó una mujer trigueña de ojos claros que le recordaba un viejo amor. Su compañera, al notarlo le solicitó con sorna que le ofreciera ayuda con ...

Puntos cardinales—T12 EEM

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Puntos cardinales Su recuerdo sensorial y corporal de iniciación, fue gateando en un zaguán largo y con  paredes blancas, que llegaban hasta la puerta de la entrada de la casa. El gateo, para  alzar la vista a las dos palmeras que se entrecruzaban, haciendo un bello enjambre al interior de la falda de quien estaba encargada de su cuidado cómplice.        Era un entretejido que le llamaba mucho la atención y que repetía con alguna frecuencia hasta su juventud. Le quedó grabado sin saberlo, se alzó a caminar y seguir con una parte de su cuerpo que empezaba a ergirse  independiente de su voluntad, le generó emociones desconocidas e intensas, que lo hacían buscar otras palmeras y descubrir en las colinas que se extendian en un bello montículo en sus piernas, las depositarias del regazo, venidas desde las miradas intensas y el  cabello alborotado.      En la exploración de su juventud pasó del paisaje y las emociones nat...

Aventura

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Aventura    La noche anterior tuvo desvelo. No podia dormirse al pensar que al amanecer saldría a viajar en globo, lleno de miedo.  Sabía que una aventura que se debe tener en la vida es la de navegar en globo, venciendo el miedo y atreverse a vivir la fantasía. Era todo un reto. Guiado por el fuego dinamizador del vuelo, "hacia donde la corriente del aire quiera"; estando con miedo volverse contemplativo era todo un reto.   La noticia reciente del accidente mortal de un globo por fallas meteorológicas de una borrasca tempestuosa lo había perturbado—Esta vez no fue por una combustión de fuego, una colisión con línea de alta tensión atravesada, unas caídas abruptas por fallas técnicas, o meteorológicas por tempestades y borrascas; el naufragio al estar cruzando el mar a la deriva, con las salidas abruptas de la cesta. Circunstancias que estudió y recordaba en crónicas y narrativas. Era de esperarse, le aumentaba sus temores, cualquier movimiento extraño y ...

La promesa del reencuentro

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La promesa del reencuentro Su padre le dijo, un mes después de haber ido a visitarla: —Mijo, debes volver a viajar a ver a tu madre porque está muy enferma.—No pudo explicarle más ni decirle la verdad. En aquel mes anterior, la emoción del encuentro del hijo con su madre había sido grande. Él, dijo justificándose: —A mi temprana edad, apenas distinguía los signos de vida que ella aún conservaba. Los de la muerte, no los podía imaginar que se le llegarían a presentar—A los cuarenta y pico de años de ella, creyó que la hinchazón y el color amarillo de su cuerpo eran pasajeros y curables.     Para ese viaje repentino, le llevaría un ramo de rosas rojas y de margaritas amarillas, que cultivaba en el jardín de su casa. Las tenía vistas en el cuadro de pintura que le regaló a su querida amiga, quien era experta en la simbología de las flores, los colores y los afectos. Pensó, atendiendo la recomendación de su amiga, que ofrendarle las f...