Un viaje en globo
Al entrar en la canasta del globo con el apoyo de uno de los tripulantes, se le volvió a intensificar el miedo premonitorio, aquel que le habían dicho se le disiparía en el transcurso del viaje. Dentro de la canasta y listo para alzar el vuelo, metido en su enorme y profundo vientre, se obnuviló viendo la corona en su envoltura multicolor. Entretanto se sorprendió ver su cuerpo mojado, sin saber si era por el abundante sudor interno del miedo o por la brisa lluviosa que se había presentado a las primeras horas de la brisa mañanera anunciando tempestades. El estar en tierra y ahora aprestarse para alzar en vuelo vertical, lo aterraba. Su costumbre cuando viajaba por los aires era la de ascender en forma oblicua, y al alcanzar una altura promedio, se desplazaba en forma horizontal a una velocidad crucero que en nada se asemeja a la del globo, salvo la del estar también volando, uno en cohete y el otro a pie por las nubes. Ya iniciada la m...