El mediador
El mediador Se levantó a primera hora, dobló las piernas, estiró los pies, se calzó las pantuflas y se santiguó, como cada mañana. El frío que se iba a prolongar por todo su cuerpo era intenso y lo despertaba por completo, y el sol en la ventana es una maravilla; la habitación, aún oscura, apenas filtraba los primeros destellos del alba. Afuera, el ruido de los automotores en la calle, el hollín que exhalaban y el trinar de los pájaros que completaban el amanecer frio del esplendoro día por venir. Deseaba que el alba no trajera consigo los presentidos e infaltables nuevos asaltos bancarios. M otines carcelarios o desalojos forzados de vendedores ambulantes y su mínimo vital: era lo habitual, en lo propio de la miscelánea de esos tiempos. Su mente estaba inmersa en las actuaciones que le esperaban y su ensimismamiento en ellas, hacía que a menudo no supiera si estaba bien vestido para la ocasión y el trajin , e incluso si había desayunado o almorzado y pasaba por alto el dia que...