El mediador
1. El mediador. Versión inicial. Se levantó a primera hora, dobló las piernas, estiró los pies, se calzó las pantuflas y se santiguó, como cada mañana. El frío que se iba a prolongar por todo su cuerpo era intenso y lo despertaba por completo. El sol en la ventana se sentía una maravilla y la habitación, aún oscura, apenas filtraba por su cortina los primeros destellos del alba. Afuera, el ruido de los automotores en la calle con el hollín que expulsaban, contrastando con el trinar mañanero de los pájaros que anunciaban un esplendoroso día por venir. Deseaba que el alba no trajera consigo los presentidos e infaltables nuevos asaltos bancarios, m otines carcelarios o desalojos forzados de vendedores ambulantes y su mínimo vital: era lo habitual. Propio de la miscelánea de los problemas que atendía por esos tiempos. Consideraba que pudiera sortearlos con éxito. Su mente estaba inmersa en las actuaciones que le esperaban y su ensimismamiento en ellas hacía que a menudo no supiera s...