Declaraciones temblorosas EE
Declaraciones temblorosas
Fue después de un inconsulto y atrevido temblor, en la velocidad de un movimiento planetario e indoblegable. Con un miedo tembloroso, y suplicándo que el próximo no sea 'terremonstruoso'.
¿ Entonces qué hiciste en el momento del temblor?, se le preguntó a todos los entrevistados.
—"Nada" ¿nada?
— Yo también no hice nada. Nada. Quedé quieto, en calma y alerta, tratando de controlar el miedo. El piso es alto y no posibilita bajar por escaleras en los recomendados y muy relativos 30 segundos para una replica de un temblor fuerte y largo. Tendría que ser por ascensor, lo que tampoco se recomienda para nada, o volando sin alas, imposible. Figúrate: En hamaca, la silla habitual, el sillón, en andamio o parapeto, o en el parque, daba lo mismo. La vida de unas placas de la tierra estaba moviéndose y yo leyendo inmerso, con lápiz en mano. De repente, creí que era solo la imaginación creativa, el de un momento especial de la lectura. Para allá y para acá, moviéndome sin voluntad propia, en circunstancia de trance y apremio mayor, posiblemente pálido, con las cejas contraídas y los párpados superiores levantados, la boca entreabierta y los labios tensos y estirados hacia atrás:
"Al instante me sentí precipitado naufragando. En la proa de un barco, balanceado con un fuerte oleaje tempestuoso, furioso e incontrolable, revolcándo todo a su paso, precipitándome a las profundidades submarinas.
O tal vez, fue tumbándome en un avión dirigido con precipitud al suelo. Volando en medio de una fuerte turbulencia, sacudido y veloz de lado a lado, de arriba y abajo, como llevándome a estrellar contra el piso."
Eran sensaciones de imágenes que estaban reservadas en mi memoria, esperando el momento preciso para recrearse veloces y salir con toda. Y resultó que la realidad, no era en el agua ni en el aire. Fue en tierra al piso, con un temblor fuerte y largo, que solo había vivido hace tiempo siendo niño y que hasta ahora, tambien supongo, no he tenido necesidad de ningun tratamiento especial—expresó Perengano.
—Yo en cambio me puse en guardia observando al piso, a las paredes, las ventanas y el techo. Aferrado de las mejores precauciones cotidianas, y por si acaso, con invocaciones y rezos. De todas formas saldría bien librado, la cabeza estaba protegida con la cachucha de viaje y me iría a un extremo de la hamaca, o de los brazos de la silla, del sillón o del sofá
Fue después de un inconsulto y atrevido temblor, en la velocidad de un movimiento planetario e indoblegable. Con un miedo tembloroso, y suplicándo que el próximo no sea 'terremonstruoso'.
¿ Entonces qué hiciste en el momento del temblor?, se le preguntó a todos los entrevistados.
—"Nada" ¿nada?
—Estuve en la sala sentado, quieto y echado a la suerte, alternando con instantes en los que contenía la respiración. Solo lo sentí temblando. Miré al techo y las paredes que me daban protección y agarré las ruedas de la silla que giraban hacia adelante y atrás. Sentí que me golpeteaba la espalda. Temblaba. No tuve ningún temor, eso creo. Encima de la cabeza no había peligro y el escritorio es de madera dura, bien resistente. Permanecí relativamente tranquilo, conservando la calma pensé que no iría a recibir ningún daño. Era claro, en mis condiciones forzadas de inmovilidad no había juego para nada con semejante temblor. Sentado en la silla de ruedas me era "imposible moverme." Habrá que mirar cuando se vuelva a presentar un sismo que no ha de faltar. Supongo no me ha dejado secuelas que tratar. El temple, las previsiones y la ciencia le dan a uno sus certezas—dijo Fulano
— Yo también no hice nada. Nada. Quedé quieto, en calma y alerta, tratando de controlar el miedo. El piso es alto y no posibilita bajar por escaleras en los recomendados y muy relativos 30 segundos para una replica de un temblor fuerte y largo. Tendría que ser por ascensor, lo que tampoco se recomienda para nada, o volando sin alas, imposible. Figúrate: En hamaca, la silla habitual, el sillón, en andamio o parapeto, o en el parque, daba lo mismo. La vida de unas placas de la tierra estaba moviéndose y yo leyendo inmerso, con lápiz en mano. De repente, creí que era solo la imaginación creativa, el de un momento especial de la lectura. Para allá y para acá, moviéndome sin voluntad propia, en circunstancia de trance y apremio mayor, posiblemente pálido, con las cejas contraídas y los párpados superiores levantados, la boca entreabierta y los labios tensos y estirados hacia atrás:
"Al instante me sentí precipitado naufragando. En la proa de un barco, balanceado con un fuerte oleaje tempestuoso, furioso e incontrolable, revolcándo todo a su paso, precipitándome a las profundidades submarinas.
O tal vez, fue tumbándome en un avión dirigido con precipitud al suelo. Volando en medio de una fuerte turbulencia, sacudido y veloz de lado a lado, de arriba y abajo, como llevándome a estrellar contra el piso."
Eran sensaciones de imágenes que estaban reservadas en mi memoria, esperando el momento preciso para recrearse veloces y salir con toda. Y resultó que la realidad, no era en el agua ni en el aire. Fue en tierra al piso, con un temblor fuerte y largo, que solo había vivido hace tiempo siendo niño y que hasta ahora, tambien supongo, no he tenido necesidad de ningun tratamiento especial—expresó Perengano.
—Yo en cambio me puse en guardia observando al piso, a las paredes, las ventanas y el techo. Aferrado de las mejores precauciones cotidianas, y por si acaso, con invocaciones y rezos. De todas formas saldría bien librado, la cabeza estaba protegida con la cachucha de viaje y me iría a un extremo de la hamaca, o de los brazos de la silla, del sillón o del sofá
Y eso sí, con una mesa o escritorio de madera fuerte, el maletín de primeros auxilios, lazos, globos y paracaidas. Eso sí, con fe en lo humano y lo divino, y de suertudo, contando por escrito y en oraciones para los que sigan llegando, ojalá "en mucho, muchísimo tiempo", y "sin ningún calamitoso desastre", eco que quedó por todas partes. Finalmente, como si lo tuviera, se volvió a una calma que de vez en cuando se altera cuando vuelven los inevitables temblores—expresó Zutana.
Las impresiones subsiguientes, indistintamente fueron:
—Nada, estaba dormido y sentí que me movían con fuerza la cama. Lo único que hice fue bajarme y mirar abajo, puesto en guardia, a ver quien me la movía.
—Pues el cuarto estaba con lámparas y lo único que hice fue al ver su balanceo, calcular la inclinación para deducir su intensidad, la que fue registrada con la misma aproximación moderada de 4.7 de intensidad que reportaron los noticieros.
—Nada. Estaba frente al escritorio, buscando algún punto agrietado que no hubiera previsto. Y a la vez, figúrate, disfrutando el extraño placer de semejante sorpresa, que sin consultarme, me movía con fuerza el cuerpo de lado a lado. Y seguido, terminar ansioso de que el temblor venidero, no fuera destructivo y dentro de muchos, muchísimos años y nada.
—Nada. Yo seguí durmiendo. Las pastas que suavizan mis dolencias, me mantienen dormida. Y si es de despertar, que sea a tiempo con un buena comida y muy buenos y efectuosos dias, excelente humor y noticias bellas de la vida.
—Nada, no hice más que salír veloz a amparar a mi muñeca. Con ella, estoy en todo...
—Y preciso, así seguían las diferentes impresiones. No se sabía si el miedo siguió siendo real o imaginario, si se repetía en forma permanente o era uno ocasional que parecía eterno y se exacerba cuando aparece algún sismo. Si era producto de las propias certezas o de la información de los temblores que suministan los medios oficiales que no permitían conservar la tranquilidad necesaria. Lo cierto es que a todo momento se preguntaba cuando se presentaría y causaba estragos. En los casos mas críticos de temor permanente e intenso se decidió acudir al terapeuta y desde ahi no se volvió a saber noticias pues lo internaron en un largo tratamiento sin comunicación con el mundo exterior, sin visitas y sin que lo dieran de alta. Los demás han quedado con el impacto hasta un nuevo temblor que no los lleve al pánico, basta que sea la intensidad promedio o que la supere y pase del 5.5 para que el miedo irrumpa sin atenuantes.
EDITADO AI. Capcast
—Yo tampoco hice nada. Nada. Quedé quieto, en calma y alerta, tratando de controlar el miedo. El piso es alto y no posibilita bajar por escaleras en los recomendados y muy relativos 30 segundos para una réplica de un temblor fuerte y largo. Tendría que ser por ascensor, lo que tampoco se recomienda para nada, o volando sin alas, imposible. Figúrate: En hamaca, la silla habitual, el sillón, en andamio o parapeto, o en el parque, daba lo mismo.
—Nada, estaba dormido y sentí que me movían con fuerza la cama. Lo único que hice fue bajarme y mirar abajo, puesto en guardia, a ver quien me la movía.
—Pues el cuarto estaba con lámparas y lo único que hice fue al ver su balanceo, calcular la inclinación para deducir su intensidad, la que fue registrada con la misma aproximación moderada de 4.7 de intensidad que reportaron los noticieros.
—Nada. Estaba frente al escritorio, buscando algún punto agrietado que no hubiera previsto. Y a la vez, figúrate, disfrutando el extraño placer de semejante sorpresa, que sin consultarme, me movía con fuerza el cuerpo de lado a lado. Y seguido, terminar ansioso de que el temblor venidero, no fuera destructivo y dentro de muchos, muchísimos años y nada.
—Nada. Yo seguí durmiendo. Las pastas que suavizan mis dolencias, me mantienen dormida. Y si es de despertar, que sea a tiempo con un buena comida y muy buenos y efectuosos dias, excelente humor y noticias bellas de la vida.
—Nada, no hice más que salír veloz a amparar a mi muñeca. Con ella, estoy en todo...
—Y preciso, así seguían las diferentes impresiones. No se sabía si el miedo siguió siendo real o imaginario, si se repetía en forma permanente o era uno ocasional que parecía eterno y se exacerba cuando aparece algún sismo. Si era producto de las propias certezas o de la información de los temblores que suministan los medios oficiales que no permitían conservar la tranquilidad necesaria. Lo cierto es que a todo momento se preguntaba cuando se presentaría y causaba estragos. En los casos mas críticos de temor permanente e intenso se decidió acudir al terapeuta y desde ahi no se volvió a saber noticias pues lo internaron en un largo tratamiento sin comunicación con el mundo exterior, sin visitas y sin que lo dieran de alta. Los demás han quedado con el impacto hasta un nuevo temblor que no los lleve al pánico, basta que sea la intensidad promedio o que la supere y pase del 5.5 para que el miedo irrumpa sin atenuantes.
EDITADO AI. Capcast
Declaraciones temblorosas
Fue después de un inconsulto y atrevido temblor que con la velocidad de un movimiento planetario indoblegable, dejaba su huella inconfundible. Le dejó con un miedo tembloroso y le promovió el ruego permanente a lo divino y humano para que los próximos nunca fueran 'terremonstruosos'.
¿Entonces qué hiciste en el momento del temblor?
—"Nada". ¿Nada?: Estuve en la sala sentado y echado a la suerte, quieto y alternando con instantes que hacían contener la respiración. Solo lo sentí temblando. Miré al techo y las paredes que me daban protección y agarré las ruedas de la silla que giraban hacia adelante y atrás. Sentí que me golpeteaba la espalda. Temblaba. Encima de la cabeza no había peligro y el escritorio es de madera dura, bien resistente. Permanecí relativamente tranquilo, conservando la calma, y pensé que ningún daño iba a recibir. Era claro que, en mis condiciones forzadas de inmovilidad, no había juego para nada más. Sentado en la silla de ruedas, me era "imposible moverme".
Fue después de un inconsulto y atrevido temblor que con la velocidad de un movimiento planetario indoblegable, dejaba su huella inconfundible. Le dejó con un miedo tembloroso y le promovió el ruego permanente a lo divino y humano para que los próximos nunca fueran 'terremonstruosos'.
¿Entonces qué hiciste en el momento del temblor?
—"Nada". ¿Nada?: Estuve en la sala sentado y echado a la suerte, quieto y alternando con instantes que hacían contener la respiración. Solo lo sentí temblando. Miré al techo y las paredes que me daban protección y agarré las ruedas de la silla que giraban hacia adelante y atrás. Sentí que me golpeteaba la espalda. Temblaba. Encima de la cabeza no había peligro y el escritorio es de madera dura, bien resistente. Permanecí relativamente tranquilo, conservando la calma, y pensé que ningún daño iba a recibir. Era claro que, en mis condiciones forzadas de inmovilidad, no había juego para nada más. Sentado en la silla de ruedas, me era "imposible moverme".
El temple, las previsiones y la ciencia le dan a uno sus certezas. No tuve ningún temor, creo. Habrá que evidenciarlo cuando se vuelva a presentar el sismo siguiente, que no ha de faltar. Supongo que no me ha dejado secuelas que tratar.
—Yo tampoco hice nada. Nada. Quedé quieto, en calma y alerta, tratando de controlar el miedo. El piso es alto y no posibilita bajar por escaleras en los recomendados y muy relativos 30 segundos para una réplica de un temblor fuerte y largo. Tendría que ser por ascensor, lo que tampoco se recomienda para nada, o volando sin alas, imposible. Figúrate: En hamaca, la silla habitual, el sillón, en andamio o parapeto, o en el parque, daba lo mismo.
—La vida de unas placas de la tierra estaba moviéndose y yo leyendo inmerso, con lápiz en mano. De repente, creí que era solo la imaginación creativa, el de un momento especial de la lectura. Para allá y para acá, moviéndome sin voluntad propia, en circunstancia de trance y apremio mayor, posiblemente pálido, con las cejas contraídas y los párpados superiores levantados, la boca entreabierta y los labios tensos y estirados hacia atrás.
"Al instante me sentí precipitado, naufragando. En la proa de un barco, balanceado con un fuerte oleaje tempestuoso, furioso e incontrolable, revolviendo todo a su paso, precipitándome a las profundidades submarinas.
O tal vez, fue tumbándome en un avión dirigido con precipitud al suelo. Volando en medio de una fuerte turbulencia, sacudido y veloz de lado a lado, de arriba y abajo, como llevándome a estrellar contra el piso."
Eran sensaciones de imágenes que estaban reservadas en mi memoria, esperando el momento preciso para recrearse veloces y salir con toda. Y resultó que la realidad no era en el agua ni en el aire. Fue en tierra al piso, con un temblor fuerte y largo, que solo había vivido hace tiempo siendo niño y que hasta ahora, también supongo, no he tenido necesidad de ningún tratamiento especial.
—Yo, en cambio, me puse en guardia, observando al piso, a las paredes, las ventanas y el techo. Aferrado a las mejores precauciones cotidianas, y por si acaso, con invocaciones y rezos. De todas formas saldría bien librado; la cabeza estaba protegida con la cachucha de viaje e iría a un extremo de la hamaca, o de los brazos de la silla, del sillón o del sofá, y eso sí, al frente con una mesa o escritorio de madera fuerte, con el maletín de primeros auxilios, lazos y paracaídas.
Con fe en lo humano y lo divino, y de suertudo, contando por escrito y oraciones para los que sigan llegando, ojalá "en mucho, muchísimo tiempo y sin ningún calamitoso desastre", según el eco que quedó por todas partes. Finalmente, como si lo tuviera, se volvió a una calma que de vez en cuando se altera cuando vuelven los inevitables temblores.
Impresiones subsiguientes fueron tales como:
—Nada, estaba dormido y sentí que me movían con fuerza la cama. Lo único que hice fue bajarme y mirar abajo, puesto en guardia, a ver quién me la movía.
—Pues el cuarto está con lámparas y lo único que hice fue, al ver su balanceo, calcular la inclinación para deducir su intensidad, la que fue registrada con la misma aproximación moderada de 4.7 de intensidad que reportaron los noticieros.
—Nada. Estaba frente al escritorio, buscando algún punto agrietado que no hubiera previsto. Y a la vez, figúrate, disfrutando el extraño placer de semejante sorpresa, que sin consultarme, me movía con fuerza el cuerpo de lado a lado. Y seguido, terminar ansioso de que el temblor venidero no fuera destructivo y dentro de muchos, muchísimos años nada.
—Nada. Yo seguí durmiendo. Las pastas que suavizan mis dolencias me mantienen dormida. Y si es de despertar, que sea a tiempo con una buena comida y muy buenos y afectuosos días, excelente humor y noticias bellas de la vida.
—Nada, no hice más que salir veloz a amparar a mi muñeca. Con ella, estoy en todo...
Y así seguían las diferentes impresiones. No se sabía si el miedo era ocultado, si era real o imaginario, si se repetía en forma permanente o era un ocasional que parecía eterno y se exacerbaba por algún sismo. La información de los temblores que suministran los medios oficiales no permite conservar la tranquilidad necesaria. Lo cierto es que a todo momento preguntaba cuándo se presentaría y causaría estragos.
O tal vez, fue tumbándome en un avión dirigido con precipitud al suelo. Volando en medio de una fuerte turbulencia, sacudido y veloz de lado a lado, de arriba y abajo, como llevándome a estrellar contra el piso."
Eran sensaciones de imágenes que estaban reservadas en mi memoria, esperando el momento preciso para recrearse veloces y salir con toda. Y resultó que la realidad no era en el agua ni en el aire. Fue en tierra al piso, con un temblor fuerte y largo, que solo había vivido hace tiempo siendo niño y que hasta ahora, también supongo, no he tenido necesidad de ningún tratamiento especial.
—Yo, en cambio, me puse en guardia, observando al piso, a las paredes, las ventanas y el techo. Aferrado a las mejores precauciones cotidianas, y por si acaso, con invocaciones y rezos. De todas formas saldría bien librado; la cabeza estaba protegida con la cachucha de viaje e iría a un extremo de la hamaca, o de los brazos de la silla, del sillón o del sofá, y eso sí, al frente con una mesa o escritorio de madera fuerte, con el maletín de primeros auxilios, lazos y paracaídas.
Con fe en lo humano y lo divino, y de suertudo, contando por escrito y oraciones para los que sigan llegando, ojalá "en mucho, muchísimo tiempo y sin ningún calamitoso desastre", según el eco que quedó por todas partes. Finalmente, como si lo tuviera, se volvió a una calma que de vez en cuando se altera cuando vuelven los inevitables temblores.
Impresiones subsiguientes fueron tales como:
—Nada, estaba dormido y sentí que me movían con fuerza la cama. Lo único que hice fue bajarme y mirar abajo, puesto en guardia, a ver quién me la movía.
—Pues el cuarto está con lámparas y lo único que hice fue, al ver su balanceo, calcular la inclinación para deducir su intensidad, la que fue registrada con la misma aproximación moderada de 4.7 de intensidad que reportaron los noticieros.
—Nada. Estaba frente al escritorio, buscando algún punto agrietado que no hubiera previsto. Y a la vez, figúrate, disfrutando el extraño placer de semejante sorpresa, que sin consultarme, me movía con fuerza el cuerpo de lado a lado. Y seguido, terminar ansioso de que el temblor venidero no fuera destructivo y dentro de muchos, muchísimos años nada.
—Nada. Yo seguí durmiendo. Las pastas que suavizan mis dolencias me mantienen dormida. Y si es de despertar, que sea a tiempo con una buena comida y muy buenos y afectuosos días, excelente humor y noticias bellas de la vida.
—Nada, no hice más que salir veloz a amparar a mi muñeca. Con ella, estoy en todo...
Y así seguían las diferentes impresiones. No se sabía si el miedo era ocultado, si era real o imaginario, si se repetía en forma permanente o era un ocasional que parecía eterno y se exacerbaba por algún sismo. La información de los temblores que suministran los medios oficiales no permite conservar la tranquilidad necesaria. Lo cierto es que a todo momento preguntaba cuándo se presentaría y causaría estragos.
Y así, en quienes la situación era de miedo tembloroso, en el caso más crítico, permanente e intenso, se decidió acudir al terapeuta. Desde ahí no se volvió a saber noticias, salvo que los internaron en un largo tratamiento sin comunicación con el mundo exterior, sin visitas y sin que indefinidamente los dieran de alta. Los demás siguen con el impacto hasta un nuevo temblor que no cause pánico; basta que sea la intensidad promedio o que la supere y pase del 5.5 para que el miedo irrumpa sin atenuantes y aparezcan declaraciones temblorosas y temblores ojalá no terremonstruosos.
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Declaraciones temblorosas. Comentario
"Con este relato construyes una escena coral muy interesante a partir de un temblor sísmico. Organizar el texto como una sucesión de testimonios que responden a la misma pregunta —¿Qué hiciste en el momento del temblor?— es un acierto formal. No hay una trama lineal, pero sí una acumulación de voces que, juntas, componen una experiencia compartida. Con ese juego coral generas una perspectiva múltiple del miedo. El núcleo temático está claro: el miedo ante el peligro real y concreto del sismo. Y lo trabajas de dos maneras. Por un lado, a través del cuerpo: contener la respiración, agarrarse a la silla, tensar los labios, sentir el balanceo como naufragio o turbulencia. Esos momentos son los más logrados, porque traducen el fenómeno físico en sensaciones directas. Cuando comparas el temblor con un barco que se hunde o con un avión que cae, el miedo pasa por el cuerpo y los lectores lo podrían experimentar como vértigo y pérdida de control. (Página 17 de 26 ).
Por otro lado, muchos personajes niegan explícitamente el miedo (“Nada”, “no tuve ningún temor”, “Permanecí relativamente tranquilo”). Esa repetición del “nada” funciona como una negación defensiva. El miedo se racionaliza (medir grados, confiar en la ciencia) o se desplaza hacia la fe (rezos, invocaciones). Ahí aparece un conflicto interesante, Carlos: no solo el temblor externo, sino la tensión entre control y vulnerabilidad, entre lo que sentimos y lo que admitimos sentir. Incluso queda flotando la sospecha de que alguno de los personajes esté disimulando. En cuanto al cambio, al ser un texto fragmentario no hay un arco claro en ningún personaje en concreto. Más bien sugieres una evolución colectiva: del evento puntual pasas a un miedo persistente, a la anticipación obsesiva, incluso a la internación terapéutica. Es un desplazamiento hacia la inquietud continua más que una superación. Pienso que podrías concentrar la experiencia en uno o dos personajes para construir un arco emocional más definido. Otra posibilidad —que me parece especialmente fértil— sería introducir un personaje cronista: alguien que formule la pregunta y recoja esas voces. ¿A quién le hablan todos? Si sitúas esa figura, el texto ganaría sostén y cohesión, y el conjunto tendría un eje más claro. También te sugiero reducir algunas repeticiones y afinar el lenguaje cuando se vuelve abstracto. Expresiones como “movimiento planetario indoblegable” diluyen un poco la intensidad. Cuando te centras en imágenes físicas y concretas, el miedo (“miedo tembloroso”, por ejemplo) resulta mucho más vívido para los lectores. Tu trabajo no llega a ser un relato en sentido tradicional, pero el juego coral es un acierto y exploras el miedo colectivo reflejado en distintas voces. Ahora puedes decidir si mantienes esa polifonía como apuesta formal o le das un ancla más definida manteniendo esa polifonía. Ahí tienes un camino muy estimulante para seguir trabajando, Carlos".
Por otro lado, muchos personajes niegan explícitamente el miedo (“Nada”, “no tuve ningún temor”, “Permanecí relativamente tranquilo”). Esa repetición del “nada” funciona como una negación defensiva. El miedo se racionaliza (medir grados, confiar en la ciencia) o se desplaza hacia la fe (rezos, invocaciones). Ahí aparece un conflicto interesante, Carlos: no solo el temblor externo, sino la tensión entre control y vulnerabilidad, entre lo que sentimos y lo que admitimos sentir. Incluso queda flotando la sospecha de que alguno de los personajes esté disimulando. En cuanto al cambio, al ser un texto fragmentario no hay un arco claro en ningún personaje en concreto. Más bien sugieres una evolución colectiva: del evento puntual pasas a un miedo persistente, a la anticipación obsesiva, incluso a la internación terapéutica. Es un desplazamiento hacia la inquietud continua más que una superación. Pienso que podrías concentrar la experiencia en uno o dos personajes para construir un arco emocional más definido. Otra posibilidad —que me parece especialmente fértil— sería introducir un personaje cronista: alguien que formule la pregunta y recoja esas voces. ¿A quién le hablan todos? Si sitúas esa figura, el texto ganaría sostén y cohesión, y el conjunto tendría un eje más claro. También te sugiero reducir algunas repeticiones y afinar el lenguaje cuando se vuelve abstracto. Expresiones como “movimiento planetario indoblegable” diluyen un poco la intensidad. Cuando te centras en imágenes físicas y concretas, el miedo (“miedo tembloroso”, por ejemplo) resulta mucho más vívido para los lectores. Tu trabajo no llega a ser un relato en sentido tradicional, pero el juego coral es un acierto y exploras el miedo colectivo reflejado en distintas voces. Ahora puedes decidir si mantienes esa polifonía como apuesta formal o le das un ancla más definida manteniendo esa polifonía. Ahí tienes un camino muy estimulante para seguir trabajando, Carlos".
Relato Breve. Plan de estudios: Narrativa. Comentarios del tema 6 El conflicto y el cambio. Miedos Martes, 3 de marzo de 2026 Marisa Mañana
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