La occisa



La occisa

Los parientes de la occisa le habían anunciado venganza por el crimen y se lo hicieron saber por la web y el WhatsApp. Toda la confianza que le habían depositado, al consentir el matrimonio con ella siendo tan joven, había quedado irremediablemente perdida y transformada en sed de venganza. Sabía qué eso de dejarlo en manos de la injusticia ordinaria no tenía sentido; era la impunidad asegurada.

Desde el día de la amenaza comenzó para él la cuenta regresiva. Empezó a vivir en vilo , y la amenaza se le volvió un asunto de todos los días. Esperaba lo peor y que lo mataran. Por donde caminaba todo era motivo de preocupación; en cualquier parte podían ultimarlo. Cualquier persona le parecía sospechosa. Sabía que contrataban a profesionales especializados en el crimen , muchos de ellos sicarios con "formación superior" en las cárceles de alta seguridad, que son las universidades del crimen en todas sus modalidades.

Nunca pensó que sus excesos eróticos consentidos lo llevaran al extremo de cometer un homicidio y provocar reacciones tan fuertes y francamente exageradas. Se trataba de una pareja en su convivencia apasionada y de consentimiento mutuo, en una erotización exacerbada, que los llevaba al éxtasis del orgasmo por falta de oxígeno. Por algo se habían casado: no querían una relación pasional ocasional, sino una estable y para todos los días, sin pedir permiso a nadie para vivir su amor y haciendo lo que les viniera en gana, sin la intervención indebida de terceros. Desde la primera vez que se conocieron se juraron amor eterno, indisoluble y hasta que la muerte los separara. Sus cuerpos, desde esa primera vez, siguieron temblando, tuvo una emoción como nunca antes, y sus latidos con los corazones a punto de estallar, acompañando una respiración muy fuerte y de aire contenido.
     Ella había muerto accidentalmente por asfixia erótica. “El hecho de sujetarnos del cuello y amarnos hasta que la respiración faltara, para así llegar al clímax, era la costumbre preferida que teníamos en nuestro matrimonio” , dijo Romeo justificándose.

En ese entonces creía que no pasaría de una exageración y que, de todas formas, saldría bien librado, pues era una costumbre muy común entre jóvenes como ellos , y una práctica de muchos años, la que habían perfeccionado con una técnica de precisión: conocían la localización de las posturas y la intensidad de la  presión. Se cronometraban en el tiempo exacto con la alarma de su celular para poder suspender la asfixia de inmediato. Aquella vez, en el momento preciso que le apareció una intensa coloración azul que teñía la piel de Julieta, especialmente en sus labios y las yemas de sus dedos. Así se fue ella para siempre. Al celular se le había agotado la batería y la alarma prevista no le funcionó, lo que produjo el fatal desenlace de asfixia instantánea en su pasión desenfrenada.

La cuenta regresiva lo hacía pensar en sus asuntos de importancia. Sabía que ningún poder ni conveniencia estarían por encima de sus grandes afectos, amoríos e ímpetus. En resumidas cuentas, los actos eran de ambos, provenían expresamente de él y de ella. Él no podía justificar su delito pues era un homicidio voluntario, cometido bajo el influjo de una pasión e ímpetu mutuo y consentido. Un arrebato cometido con el ardor de la pasión y el amor total, y un crimen atenuable según las leyes favorables. De todas formas, como delito ameritaba cárcel, y tenía claro que quien llegara a prisión por violaciones era también violado: era una estricta regla carcelaria sostenida por la tradición de los años. No valía que hubiera sido sin la plena intención y sin buscar un ilícito, sin la voluntad de cometer el delito. Simplemente no tuvieron el pleno control sobre sus acciones ; no buscaban matarse, aunque asumían el alto riesgo. Aquel era su gran amor pasional y aquel era el crimen por el que debía juzgársele. Por supuesto se sabía de la posibilidad de la muerte por asfixia, pero eran muchos los años de hacerlo sin problemas y con certezas venidas incluso de los siglos, incluida la comprobada erección de los ahorcados. Contaban con la confianza suficiente para entregarse con toda la pasión. 
Su amor les hacía arder la sangre, transpirar fuerte y sin respirar, contenido el aire contenido hasta desfallecer —En el peor de los casos, solo dejaba dolores de cabeza y de cuello, con algo de aturdimiento y zumbido en los oídos, decían.—

Recordaba con precisión el diálogo inmediatamente anterior a la muerte de Julieta:

–"Amor, llevo mucho tiempo esperando tu regreso. Mi cuerpo arde de pasión” , dijo Julieta
–“Cielo, estoy a punto de llegar. Traigo las sogas nuevas que me encargaste” , respondió Romeo.
–“Bueno, pero no te demores, o tendré que autoasfixiarme” , bromeó ella.

A los pocos minutos llegó Romeo. Julieta estaba desnuda en la cama, esperándolo con ansiedad y una pasión desbordada; ya había hecho sus primeros intentos de autoasfixia. Activó la alarma fallida del celular y, con la soga recién comprada empezaron a sujetarse y apretarse el cuello con la fuerza acostumbrada. Todo fue ímpetu: con afán rasgó la ropa, la camisa quedó sin botones, la cremallera del pantalón se rompió y los zapatos salieron volando hasta consumar el coito extremo.

El resto ya es lo sabido de la occisa, salvo que las amenazas de los dolientes quedaron fallidas después de varios intentos perdidos. A Romeo le fue imposible resistir la ausencia de Julieta y, en su refugio y aislamiento, sin desespero optó por suicidarse lentamente y con la misma soga que había utilizado con ella.

Carlos A. Perdomo C. Capcast. Relato editado y revisado. EE. Taller 9. 15.03

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Comentario profesora.  Taller nueve. EEMadrid. 03.26

Carlos, La occisa

" De tu texto resulta curioso que hagas una relectura del mito de Romeo y Julieta,
llevándolo hacia un territorio mucho más oscuro (ciertas prácticas sexuales
actuales) y actual (la web y el wasap nos instalan en el ahora). En esa
reinterpretación del mito amoroso, recoges bien algunos de sus elementos
esenciales: la intensidad de la pasión, la idea de un amor absoluto que se
proyecta “hasta la muerte”, e incluso la estructura trágica en la que ambos
acaban muriendo, como ocurre en la obra de William Shakespeare. Ahí se
percibe claramente que dialogas con el original.
Esto conecta directamente con la intertextualidad, que es el concepto que
estás poniendo en juego: tomas una historia conocida y estableces un diálogo
con ella al trasladarla al presente. La idea de este traslado es que no sea neutro,
sino que genere nuevos significados. En tu caso, da la sensación de que hablas
del amor y de las relaciones sexoafectivas en la actualidad, introduciendo una
mirada distinta, más incómoda, más extrema. No es solo una actualización, sino una reinterpretación que tensiona el sentido original del mito.
En la tensión narrativa, es interesante que no la sostengas tanto en lo erótico, como podría parecer en un primer momento, sino en una pregunta muy
clara: si Romeo va a morir a manos de unos matones. Esa es la verdadera
pregunta dramática que recorre el texto, Carlos, y la resuelves haciendo que el
personaje se mate a sí mismo. Es una decisión que funciona bien, tanto a nivel
narrativo como en relación con el mito, porque mantiene el destino trágico, Comentarios para Relato Breve | Marisa Mañana Página 8 de 26

Si miramos la verosimilitud de algunos elementos, el detalle de que ambos
móviles se queden sin batería introduce una dificultad, Carlos. Puede funcionar
como recurso, pero resulta un poco inverosímil ( ?) que ocurra simultáneamente.
Quizá podrías ajustar ese punto —por ejemplo, que un móvil tenga suficiente
batería, pero que, por un descuido, solo se active la alarma en el móvil en el
que se acaba la batería—. De este modo, la situación resulta más creíble sin
perder su función dentro de la trama.
Por último, en la representación de la relación entre los personajes, planteas
algo interesante: aquí no parece haber simplemente consenso, sino porque el
deseo parece realmente compartido. Esto es importante, porque el consenso a
veces implica aceptar algo sin desearlo plenamente, mientras que en tu texto
ambos personajes parecen implicados al mismo nivel. Ese matiz los diferencia
de muchas situaciones actuales donde aparecen la presión, la coacción, el
deseo desigual, el temor a defraudar, el hastío o la indefensión aprehendida.
En conjunto, has construido una relectura que dialoga con el mito clásico para
explorar formas contemporáneas del deseo y del amor, sosteniendo la tensión
no en lo explícito, sino en el destino trágico que los lectores intuyen desde el
principio." Profesora Mañana. Relato Breve.  EEMadrid.

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