Presencias T30EE



La casa que habitaba estaba al fondo del zaguán, rodeada de pasto recién cortado, de una diversidad de flores —entre ellas, las negras— y de un eco de voces como venidas desde lejos, señales que se van presentando de vez en cuando.
Su ingreso debía ser apresurado, pues se hallaba frente a una de las calles donde más solían aparecer saltimbanquis y callejeros; había que llamar con anticipación para que la esperaran en la entrada y poder ingresar de inmediato. Su construcción era antigua y los pasadizos, oscuros. Ya no había manera de entrar; en efecto, parecía que los fantasmas se la hubieran tomado.

Desde que supo que su enfermedad era incurable y que sus días estaban inexorablemente contados, decidió distanciarse de sus amistades, no contestar sus llamadas ni escribirles. A cada uno le dio su conversación de despedida.
Fue tanto su aislamiento que hasta su cuerpo parecía desvanecerse, elevarse hasta el techo y deambular por las paredes. Empezó a comunicarse a través de los sueños y se turnaba con cada uno de ellos. La vez que le correspondió a uno de los más cercanos, hizo que este sintiera su invasión: el hormigueo subía por los pies, recorría las piernas con fuerza, ascendía al pecho, llegaba al cerebro y se cubría de pétalos negros.

Él la estaba esperando y afrontándola con dignidad. La llamaban, pero no respondía, quizá por la costumbre de su ausencia. En fin de cuentas, era para siempre.
Recordaba las veces que, al salir al parque a pasear con las hijas en la infancia, los columpios se balanceaban sin que nadie estuviera sentado en ellos. Era una de ellas, la que anticipaba el hecho de haber fallecido y venía a compartir aquellos momentos en medio del césped que había vuelto a crecer. ¿No era de creer? Pues ya se verá cuando, en estado de ánima errante, se necesite comunicarse y hacer presencia; o cuando las sombras bailen la canción que se acostumbraba en los momentos de jolgorio con los amigos, los que también se fueron y quisieron compartir.

Las huellas indicaban el camino hacia destinos insondables y hacia reincorporaciones en cuerpos vivos que no parecían haber fallecido. Cuántos de ellos se mostraron con la mayor vitalidad, seres que hacía tiempo se habían marchado a la eternidad. Su deseo de reencontrarse con las amistades era tan grande que se anunciaba con un viento fuerte que golpeaba los cuerpos y los objetos circundantes.

En otras oportunidades, los diálogos inconclusos llegaban a su término. Los planes pospuestos por fin se concretaban con las apariciones que no podían evidenciarse, como parte de quienes se habían desprendido de sus cuerpos y tomado vuelo hacia el infinito eterno.

Recordó aquella vez en la casa cuando invitó a su amigo y a su compañera para que disfrutaran de su amor en la piscina. Fue tanto el entusiasmo que decidió festejarlo con champaña, de una botella que quedó resguardada por los tiempos y que se reabastecía continuamente con cada visita. También, la vez que aparecieron voces por todos lados y se fueron con el eco. En las jugadas de billar, las bolas saltaban por todos lados sin lograr carambolas, caían al suelo y después aparecían agrupadas en un solo lugar, sin ninguna intervención humana. O los platos que volaban al comedor sin que nadie los sirviera. Todo era tan extraño que, si no hubiera sido visto por los presentes, no se creería.

La casa estaba encantada, como preparada para el regreso del difunto, a fin de que recobrara su presencia. Las tinieblas aparecían y desaparecían en forma intermitente. El sol irradiaba sus destellos con un rojo incandescente que se apagaba y se iba a los confines. Los pájaros trinaban con intensidad y enmudecían por largo rato. Todo anunciaba su presencia y sus ausencias. Su voz de ultratumba se volvía mundana, aunque era reconocible. Su presencia unas veces era perceptible; otras apenas se intuía cuando invadía a algunos de los presentes. Sus huellas quedaban marcadas en el pasillo después de sus visitas, y no era más que pisarlas para sentir sus vibraciones.

Así llegó el momento en que no se supo si había desaparecido o si se había incorporado permanentemente en nuestros cuerpos, comunicándose por señales y en nuestros sueños. Parecía que su silencio se había vuelto permanente y que al fin se había marchado para siempre. La pantalla de la televisión se prendía y apagaba de repente, y la imagen se disolvía como anunciando que sería la última forma de aparecerse.

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Principales cambios sintácticos aplicados

· Separación de oraciones excesivamente largas mediante puntos y comas.
· Corrección de errores ortográficos (recién, saltimbanquis, jolgorio, más).
· Regularización de tiempos verbales (pretérito imperfecto/indefinido) y concordancias de género/número.
· Reubicación de incisos para evitar ambigüedades (ej. «rodeada de pasto… y de un eco…»).
· Sustitución de construcciones coloquiales o poco claras (quizá para la costumbre → quizá por la costumbre; cogido vuelo → tomado vuelo).
· Mejora de la puntuación en diálogos y enumeraciones.

Si necesitas un análisis sintáctico más técnico (oración por oración), indícamelo y lo desarrollo.

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