El funeral T32RbEe

El se fue para siempre y quiso que no lo supiera nadie diferente a su familia. Su decisión era no llamar y no constestarle a nadie. Se volvería un relato. La velación era de un día para otro y las exequias incluían una misa que no correspondía a sus tradiciones, pues era un ateo irremediable. El día de la velación estaban todos sus familiares y amistades mas cercanas,  a excepción de la hija que vivía en el extranjero, quien no había podido programar el viaje, y se comunicaba por video cámara con su hermana vía WhatsApp.
Las palabras debían ser breves y sinceras, no había espacio para zalamerías. Se  sabía que la mejor manifestación de condolencias era un fuerte abrazo. Había preparado a cada uno para que no se desatara un drama ni un desconsuelo interminable.

A la distancia se escuchaban las campanas de la iglesia y una que otra oracion furtiva se alcanzaba a susurrar en uno que otro doliente. Los rostros y las miradas eran las propias de estos rituales, unas tristes y otras desconsoladas. Las palabras procuraban expresar los pésames y condolencias, aunque se sabia que de todas formas eran inútiles. En silencio resultaba mejor expresarse a través de los abrazos.

—Falleció tranquilo, solo pidió que lo acostaran al suelo al lado de sus dos amores más  queridas estuvieran a su lado—fue lo que dijo su único hijo.

El féretro estaba en una esquina rodeado de sillas y ramos de flores. El rostro estaba tapado, su último gesto debía ser estando vivo, pero no hubo retratos. El ingreso de los dolientes se hacía en fila de llegada. Las confidencias se daban en la cafeteria que estaba en el piso de abajo. Aromáticas y café se distribuían en cada uno de ellos, según sus gustos y estados de ánimo.

Al día siguiente el desfile mortuorio se dirigió a la iglesia y al sitio de cremación. La ceremonia fue breve y se oficiaron algunas palabras de los allegados. Se destacó la de uno de sus estudiantes, César,  quien tuvo una relación especial con el finado. Estas fueron algunas de sus palabras dichas en la ceremonia fúnebre, tituladas ADIÓS AL MAESTRO, las que refieren que al final, hay unos que no dejan de luchar y son los imprescindibles. Que, cuando un amigo se va, queda el espacio vacío que declamó Alberto Cortéz. Y que, hay maestros que son para toda la vida.

Recordó  las primeras  palabras  de “Libertad”, “Justicia”, “Amistad”, así como las que invitaban "a reconocer el mundo y verlo más allá de los muros de la escuela, de la familia" (...) en un "mundo  (que) está más allá de lo que podemos dibujar con el lápiz, delimitando los bordes de un mapa pequeño, el mundo pequeño en el que vivíamos, del barrio, de los hermanos.
Mencionó que el mundo lo había ensanchado "mostrándonos otros, el de los de que no ven, el de quienes conocen la palabra libertad porque justamente la han perdido; el mundo de los márgenes, del campo, la otredad, lo desconocido entonces para mí.
(...) Has decidido no huirle a la muerte, verla dignamente a los ojos, me enseñaste el valor profundo de la amistad". (...)Hoy todavía me sigues enseñando sobre la vida, maestro. (...)
Tu eterno pupilo, tu eterno amigo. César". Copia editada.
                               ***
Así, terminada la ceremonia cada quien se fue paso a paso a sus vehículos hacia sus lugares. Con el tiempo quizás, apareceran otros relatos  de una vida que merece ser contada y que el recuerdo mantendrá vivo.

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