Sin remedio. T29EEM*


Sin remedio

Ella trataba de evitar la conversación; sabía que él iba a volver a confrontarla por un supuesto engaño. De vez en cuando le planteaba su desconfianza, especialmente cuando se disgustaba o le aparecían intempestivamente los celos que le invadían. Él la vio salir del motel en el que estaba acompañada de su mutuo amigo,  quien había hecho indagaciones judiciales por daños causados, le pareció una faena amorosa, de aquellas que se resuelven en la alcoba.

Todos los años compartidos y vividos con tanto amor y amistad. Desmoronandose en un instante por una posible y desafortunada confusión en sus visiones. Fue inevitable la discusión que anunciaba la ruptura. Ya le había repetido que la vez que compartieron una velada etílica, estaba semidormido, los vio muy cercanos e incluso se cortejaban, lo que fue interrumpido cuando se levantó para ir al baño. A su regreso le pareció que había sido imaginación, y las dudas siguieron.

El desconcierto de ella se hacía más grande; pensó que definitivamente no había caso proseguir de esa forma. Ya hasta la manera de hablar, vestir y caminar le cuestionaba: que por qué endulzaba la voz, que esa falda era muy insinuante, que sus pasos parecían una incitación. Le rogó a él que fuera a un tratamiento psicológico para que recuperara la seguridad que alguna vez tuvo. Pero no era posible que acogiera su ruego, lo que la llevó a una profunda tristeza.

Su alegría de vivir se estaba perdiendo, ya ni siquiera comían ni salían juntos. Las conversaciones eran objeto de reproches, todo se iba desvaneciendo. Su rostro y su mirada parecían no habitarla. Fueron muchas las veces que deambuló sin rumbo por las calles y se perdía en su propio laberinto. Llegó a pensar que su compañero no la valoraba y que esa desconfianza continua era un irrespeto.

Entretanto, los hijos y las mascotas que compartían se sentían abandonados. Los alimentos dejaron de servirse de la manera acostumbrada; eran fríos y desaliñados. Otras veces no se servían. Los perros aullaban y los gatos maullaban sin interrupción, lo que se volvió insoportable y se convirtió en una señal más del deterioro de sus relaciones.

Se propusieron entonces hacer un esfuerzo y sopesar la situación. Restablecer los cuidados y el trato cordial, procurando recuperar la fe que se tuvieron en el noviazgo. Se tomaron un espacio de reflexión y decidieron estar un tiempo separados. No podían dormir; estaban como sonámbulos, totalmente ausentes y desesperados. Pasado el tiempo, se volvieron a encontrar y fue tanta la emoción que decidieron darle una nueva oportunidad a la relación, aquella que habían construido con esfuerzo en el curso de los años. Hacían mérito al amor que se profesaban. Fue un intento en vano. Regresaron los celos, la desconfianza y los altercados. No pudieron remediarlo.

(*) TE. Taller 29. EEM—Escuela de escritores de Madrid.

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