Como un fantasma T27EE

Pasó mucho tiempo pensando que él ya era otro, hasta que lo constató con evidencias. Cuando salió al trabajo, se figuró que había recobrado su condición de fantasma, metido en su cabeza y en otra persona. No se explicaba por qué estaba haciendo actividades que no le eran propias de sus costumbres laborales. Era como en la universidad. Pensaba que se había equivocado de carrera. Creía que no era bioquímica, sino sociales, que lo integraban con los conocimientos y conversaciones necesarios en su desempeño y trato diario. O, cuando de topógrafo utilizaba aparatos como el teodolito y la estación total, con los que medía las distancias y ubicaba los diferentes puntos del terreno. Hubo momentos en que abrir trocha, subir la cuesta y atravesar el río era lo cotidiano. Llegaba  fatigado, pero al final de cuentas era su trabajo, del que sabía como volverlo numérico con su calculadora y el computador, graficarlo y disfrutarlo.
Ahora estaba con un palustre pañetando muros y pegando ladrillos, alzando paredes como obrero en la rusa. Cogía la carretilla con la arena y la mezclaba con arena fina y cemento,  y la vaciaba a la formaleta. No podía creer que estuviera en esas labores ni que fuera la imposición de un castigo y menos, cuando el trabajo forzado estaba prohibido. Estaba viviendo otra vida; realmente se sentía extraño y enajenado.
   Así que en su confusión por fin creyó que era otro y empezó a congraciarse con ello. Debía hacer trabajos que le permitieran contacto con materiales y así quedar tranquilo con conexión a tierra. Recordó cuando, sintiéndose perdido, salió a deambular por las calles y se paró frente  al letrero que anunciaba que había vacantes.  Sin saber por qué terminó empujado a hacerlo, se enganchó a la labor de la que no le pedían ningún requisito y le pareció por eso sencillo. Cuando vio sus manos ampolladas y una de ellas con sangre, le pareció muy extraño, en su trabajo de oficina solo utilizaba sus dedos para teclear los números con los que hacía sus operaciones matemáticas. Total, fue despedido sin que lo supiera.

Miraba los árboles frente a su ventana, pensaba que al moverse las ramas algo le estaban diciendo, pero no podía comprender su lenguaje vegetal. Lo que si estaba seguro es que había dejado de ser él, que era otra persona con  sus actividades contrariadas. Fueron  contra su libre voluntad.
    No sabía con quién identificarse. Con el tiempo, hasta el nombre y las palabras que usaba se le habían olvidado; parecía sufrir de amnesia indefinida e incierta. Era otro, estaba desposeído de lo que lo había caracterizado, sin saber qué seguir haciendo ni para dónde ir.
     Estaba perdido de sí. Quiso entonces conocer la opinión de quienes lo conocieron, pero ya no sabía quiénes eran, cuáles eran sus nombres  y menos, dónde encontrarlos. Siguió como un fantasma errante, metido en sus acciones involuntarias y sus pensamientos erráticos. Al final, caminando de un lado a otro, sin rumbo fijo como un errante que al llegar al parque del vecindario y escuchar el trinar de los pájaros, creyó que al fin llegaba la señal de esperanza, aquello que tanto anhelaba para que le permitiría recobrar su estado original. Fue en vano, siguió buscando símbolos y un nuevo trabajo que no pudo conseguir después de haberlo intentado con varios oficios. Así que decidió por fin aceptarse como un fantasma errante, "que anda por el mundo" poseyendo personas y siendo poseído.

Capcast. T27EE Metáfora 

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