En las mismas. T22EE

—Lo mejor será que terminemos la relación, ¡¡¡ya no lo soporto más!!!
—Mira, son muchos los años que llevamos juntos. Si observas con cuidado, es más el buen trato que tenemos durante todo el tiempo.
—El asunto es cuando se presentan las situaciones críticas entre nosotros. Por ejemplo, ayer le hice un chiste y me reprochó muy fuerte, alzándome la voz por el solo hecho de haberle dicho que el jugador se había vuelto un tronco, que ya le pesaban los años.
—No puedes desconocer la trayectoria de él. Son muchos los goles que ha acumulado y en el partido de ayer tuvo una mala tarde.
—Y en el partido pasado pasó lo mismo y lo estás pasando por alto.
—De verdad que pelearnos por la opinión que tengamos sobre el desempeño de un jugador no tiene sentido. Es un asunto de gustos.
—No es solo una excusa; tiene algo más de fondo. Con el tiempo llega el hastío y se llega a comprender que en verdad nos equivocamos.
—No puede ser, ¿es que ya estás con otro?
—¿Por qué siempre se piensa que tiene que ser un tercero? Si fuera por eso, con las aventuras que has tenido ya habría terminado. Me hice a la ilusión de que en una de esas te marcharías sin mayores explicaciones y daríamos por concluida la relación. Por otra parte, la mayoría de las veces cuando le hablo no me escucha y las veces que me escuchas no me pones cuidado.
—Pienso que son suposiciones tuyas, que no corresponden a la realidad.
—Te das cuenta? Ni siquiera reconoces mi reproche, ¿cierto?

Y así siguió el altercado de quienes se reprochaban y seguían conviviendo hasta que la muerte los separara. Era una repetición indefinida.
Pasaron los años y volvieron a encontrarse:

—Hola, ¿en qué andas?
—Pensando en ti y en lo mucho que nos  quisimos.
—En pasado? Pensé que aún nos queremos, así no convivamos juntos.
—Qué alegría de verte, ¿nos tomamos un cafecito?
—Vale, vamos.
Entretanto, sus cuerpos temblaban, las manos se les pusieron sudorosas y no sabían por dónde empezar su reencuentro.
—¿Te apetece un vino?
—Gracias, ¡salud!
Después de ese saludo volvieron varios amaneceres hasta que llegó de nuevo el hastío. —Definitivamente debemos separarnos. No aguanto más seguir con usted.
—Vuelve el agua al molino. Mira que te quiero mucho.
—Vuelve el agua al molino. Otra vez usted en las mismas.

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