Anima errante. Ejercicio 21 EEM



   Estaba decidido a no volver a ver aquellos sitios donde hubo tantas muertes, desapariciones y fantasmas. Empacó maletas y cogió el primer vuelo que lo llevara a la ciudad que lo vio nacer y crecer. No había olvidado que tuvo que desplazarse a otros sitios, pues había sido amenazado de muerte. Al recorrer los sitios donde vivía pensó que con el tiempo todo se había olvidado, con tan mala suerte que  fue reconocido por quien lo amenazó, no obstante que estaba muy cambiado, la cicatriz en la cara aun le aparecía, era profunda y gruesa. La agresión estaba cargada de odio. Decidió entonces cubrirse inmediatamente con la capa milagrosa que le habían dado sus familiares fantasmas. Se invisibilizó y saldría pronto del percance. Decidió esconderse y desaparecerse. De sorpresa notó que ya no estaba en su cuerpo y que quien lo amenazaba seguía rondando su familia, trasladando a ellos sus amenazas y temores. Comprendió que de todas formas debía volver a aparecerse, para lo cual invocó a sus parientes fantasmas para que le ayudarán a resolver la situación de tal manera que quedara bien librado. 

En la casa de pasillos largos y ventanales grandes los ruidos casi no se detectaban. Tenia una forma gaseosa y se expresaba a través del viento y las sombras. El eco de su voz era identificable y su figura era difusa. Así decidío volver a salir del sitio donde le hacía guardia el sicario. Paso frente a él sin ser detectado y buscó la manera de eliminarlo provocándole un infarto al aparecércele como fantasma, como en efecto lo logró dejándolo en estado de shock continuo y agravado. 
    Su preocupación era la de cómo volver a su estado natural. Por muchos intentos por lograrlo no le era posible. Una veces aparecía con solo los brazos, otros sus piernas o su tronco. Recurrió otra vez a sus parientes fantasmas quienes le dijeron que habia que acudir al templo que estaba saliendo de la ciudad, donde se localizada una iglesia en ruinas y que allí en un frasco de color oscuro, encontrarían un líquido que debía tomarse  por la mitad de su contenido. Se dirigió al sitio y era tanta la borrasca que salió volando y se distanció del sitio al que se dirigía. A partir de ahí siguió deambulando sin saber a donde iba ni por donde se devolvía. Escuchaba las palabras de su perseguidor diciendo que tan pronto lo encontrara lo degollaría, lo que hacia sentirse satisfecho de notar que no daría con él. Mientras tanto, seguía pasando el tiempo sin novedades. Los muertos siguieron apareciendo y los cementerios operaban en forma incesante. Las persecuciones no cesaban y el estado gaseoso del sujeto perseguido estaba en las mismas, disuelto en el aire sin poder reintegrarse a su cuerpo. Era un ánima errante que caminaba de un lado a otro sin dirigirse a ninguna parte y el eco de su voz era inaudible. Los olores de las flores mortuorias se esparcían por el ambiente y quien pasara cerca sentía un frío intenso. A la distancia se escuchaban rezos y plegarias sin saberse quienes eran sus destinatarios. En la calle los aullidos de los perros eran incesantes y las ánimas parecían estar merodeando, entre ellas las de él.

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