Diálogo de taller 22
—Lo mejor será que terminemos la relación, ¡¡¡ya no te soporto más!!!
—Son muchos los años que llevamos juntos. Si observas con cuidado, es más el buen trato que tenemos durante todo el tiempo.
—Es que el asunto es cuando se presentan las situaciones críticas entre nosotros. Por ejemplo, ayer te hice un chiste y me reprochaste muy fuerte, alzándome la voz por el solo hecho de haberte dicho que el jugador se había vuelto un tronco al que ya le pesaban los años.
—No se puede desconocer la trayectoria de él. Son muchos los goles que ha acumulado y en el partido de ayer tuvo una mala tarde.
—En el partido pasado pasó lo mismo y lo estás pasando por alto.
—De verdad que pelearnos por la opinión que tengamos sobre el desempeño de un jugador no tiene sentido.
—No es solo una excusa; tiene algo más de fondo. Con el tiempo llega el hastío y se llega a comprender que en verdad nos equivocamos.
—No puede ser, ¿es que ya estás con otro?
¿Por qué siempre se piensa que tiene que ser un tercero. Si fuera por eso, con las aventuras que has tenido ya habría terminado. Me hice a la ilusión de que en una de esas te marcharías sin mayores explicaciones y daríamos por concluida la relación. Por otra parte, la mayoría de las veces cuando te hablo no me escuchas y las veces que me escuchas no me pones cuidado.
—Pienso que son suposiciones tuyas que no corresponden a la realidad.
—Te das cuenta? Ni siquiera reconoces mi reproche, ¿cierto?
Y así siguió el altercado de quienes se reprochaban y así seguían conviviendo hasta que la muerte los separara. Era una repetición indefinida, cada vez que la crisis se desataba.
—Son muchos los años que llevamos juntos. Si observas con cuidado, es más el buen trato que tenemos durante todo el tiempo.
—Es que el asunto es cuando se presentan las situaciones críticas entre nosotros. Por ejemplo, ayer te hice un chiste y me reprochaste muy fuerte, alzándome la voz por el solo hecho de haberte dicho que el jugador se había vuelto un tronco al que ya le pesaban los años.
—No se puede desconocer la trayectoria de él. Son muchos los goles que ha acumulado y en el partido de ayer tuvo una mala tarde.
—En el partido pasado pasó lo mismo y lo estás pasando por alto.
—De verdad que pelearnos por la opinión que tengamos sobre el desempeño de un jugador no tiene sentido.
—No es solo una excusa; tiene algo más de fondo. Con el tiempo llega el hastío y se llega a comprender que en verdad nos equivocamos.
—No puede ser, ¿es que ya estás con otro?
¿Por qué siempre se piensa que tiene que ser un tercero. Si fuera por eso, con las aventuras que has tenido ya habría terminado. Me hice a la ilusión de que en una de esas te marcharías sin mayores explicaciones y daríamos por concluida la relación. Por otra parte, la mayoría de las veces cuando te hablo no me escuchas y las veces que me escuchas no me pones cuidado.
—Pienso que son suposiciones tuyas que no corresponden a la realidad.
—Te das cuenta? Ni siquiera reconoces mi reproche, ¿cierto?
Y así siguió el altercado de quienes se reprochaban y así seguían conviviendo hasta que la muerte los separara. Era una repetición indefinida, cada vez que la crisis se desataba.
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