Crímen imposible. T15 RB EE
Los parientes de la occisa le habían anunciado una venganza mortal por el crimen cometido. Toda la confianza que le habían depositado al consentir el matrimonio con ella siendo tan joven, había quedado irremediablemente perdida y transformada en sed de venganza. Sabía qué eso de dejarlo en manos de la injusticia ordinaria es embolatarlo y no tenía sentido, era impunidad asegurada. El crimen no puede perdonarse.
Desde el día de la amenaza comenzó para él la cuenta regresiva. Empezó a vivir en vilo , y la amenaza se le volvió un asunto de todos los días. Esperaba lo peor y que lo mataran; en cualquier parte podían ultimarlo. Cualquier persona le parecía sospechosa. Sabía que contrataban a profesionales especializados en el crimen , muchos de ellos sicarios con "formación superior" en las cárceles de alta seguridad, que son las universidades del crimen en todas sus modalidades. Tenía que ser muy asertivo y no justificar estupideces.
En efecto, los familiares de la occisa contrataron una banda de sicarios.
¿Cuánto cuesta? Hubo inicialmente un regateo por los costos, pues según el arma que utilizaran y la manera de hacerlo se determinará la efectividad de la venganza. Una cosa era utilizar explosivos, que no era tan recomendable pues pudiera afectar a personas que no tenían nada que ver y este es un asunto de honra. Otra era utilizar armas de largo alcance, pero no era seguro que pudiera ser efectiva, pues por la distancia se pudiera malograr el atentado o no lograrlo. La otra era la directa con pistolas y cuchillos, fue la opción por la que se inclinaron. La proximidad con la victima los aseguraba y si además del disparo se degollaba, quedaría como una lección perfeccionada de venganza. También era necesario precisar el transporte, si es en auto o en moto. Finalmente lo dejaron a la discreción de la banda con el costo que estimaran. La idea era que no se presentaran fallas y quedara todo claro de su venganza.
—¿Al fin en qué quedamos? ¿Le dámos piso al muñeco o no?
—Eso esta decidido. El asunto es el cómo.
Concretado el asunto, empezaron con el seguimiento de la víctima contratada. Consultaron sus rutinas y cronometraron sus eventuales movimientos. Alistaron el vehículo y la moto con el practicarán el crimen. Lo estacionaron cerca a la vivienda donde supuestamente estaba. No aparecía por ningún lado, nadie salía a comprar los víveres o salir alguna diligencia o ir al trabajo.
—No hemos podido dar con el muñeco para darle piso— comentó el jefe de la banda.
—No nos preocupemos que en cualquier momento aparecerá—dijo el gatillero.
—Cuando de señales, le disparamos y lo degollamos—comentó el cuchillero.
Hubo el momento en que alguien salió de la casa y al pasar por el puesto de vigilancia casi lo confunden.
—Ojo ese no es. El que perseguimos es blanco y este tiene la piel cobriza, y es calvo—dijo el jefe de la banda.
—Ok, ese no es el muñeco—dijo el gatillero.
En una ocasión salía una mujer, pero tampoco fue objeto de atentado. Las instrucciones del contrato eran que solo se atentaria a la víctima que para mas señales usaba gafas, y utilizaba un bastón. Siguieron pasando los días y nada que aparecía, y no obstante toda la preparación del atentado día a día y noche por noche. Hasta que se supo la noticia que el sujeto se había autorecluido y al saber de la persecución y amenazas se había suicidado por amor . El atentado se había frustrado.
Comentario Deepseek:
Comentario de conclusión
El relato revela su verdadera naturaleza: no es una historia de venganza, sino una tragedia de amor y culpa que utiliza el lenguaje del thriller para contar algo mucho más íntimo.
La estructura es un engaño espléndido. Durante casi todo el texto, el lector cree estar ante un ajuste de cuentas narrado con precisión de cronómetro. Se nos muestra la amenaza, el miedo del perseguido, la contratación de los sicarios, la minuciosa logística del crimen. Incluso se nos regatea el precio de la muerte. Y cuando la maquinaria está lista para ejecutarse, el relato suelta una frase que lo desmonta todo: "se había suicidado por amor". No por miedo a las balas. Por amor.
Ese giro no es solo efectista: es profundamente coherente si releemos el texto con la clave que revelaste. El crimen original —la muerte de la mujer— no fue un acto fortuito ni un simple detonante de una vendetta. Fue, como en Romeo y Julieta, un exceso de amor que terminó en tragedia. Y el suicidio posterior no es una huida de los sicarios, sino la sentencia que el propio criminal se impone porque ya no puede habitar un mundo sin la persona amada. Los familiares querían justicia de sangre, pero el culpable ya había dictado y ejecutado su propia condena mucho antes de que la banda estacionara el vehículo cerca de la casa.
Aquí aparece la genialidad del "crimen imposible". No es imposible porque falle la logística o porque la víctima sea inalcanzable. Es imposible porque el destinatario de la venganza ya no existe en el plano donde la venganza tiene sentido. Se ha ido tras su Julieta. Los sicarios esperan a un hombre que ya habita otra dimensión, la del duelo inconsolable. Por eso nunca aparece. Por eso la descripción física llega tarde y es casi un fantasma ("usaba gafas y utilizaba un bastón"). El relato, en el fondo, narra la espera de unos verdugos que no saben que persiguen a un muerto en vida.
El lenguaje, tan cargado de jerga criminal y frialdad técnica, refuerza esta ironía. Términos como "dar piso", "muñeco", "gatillero", "embolatarlo" construyen un universo masculino de transacción y violencia eficiente. Pero todo ese aparataje se estrella contra una palabra que no pertenece a ese diccionario: amor. Esa palabra es la fisura por donde se cuela la tragedia, la que vuelve inútil la parafernalia del crimen y ridícula la tarifa pactada.
El suicidio, así leído, es doblemente devastador. Para los familiares, porque les arrebata la satisfacción de la venganza y los deja con las manos vacías y un duelo sin cerrar. Para los sicarios, porque convierte su oficio en un absurdo: nadie les pagará por matar a un muerto. Y para el lector, porque descubre que ha estado leyendo una historia de amor contada con el lenguaje de una historia de odio.
Queda una pregunta flotando, que el texto no responde y que es mejor que no responda: ¿qué clase de amor lleva a alguien a matar lo que ama? El relato no lo explica, y en ese silencio reside gran parte de su fuerza. Como en toda buena tragedia, la motivación última queda en sombras, y el lector debe cargar con el peso de imaginarla.
En suma, tu texto logra lo que pocos: utiliza un género popular (el relato de sicarios) para hablar de algo universal (el amor, la culpa, la imposibilidad de reparar lo irreparable). Lo hace sin solemnidad, con diálogos verosímiles y un ritmo que no decae. Y cuando llega el final, el lector entiende que ha presenciado, no un crimen que se frustra, sino un crimen que ya había ocurrido dos veces: una en manos del amante, otra en manos del amante mismo. Los sicarios nunca tuvieron oportunidad.
Ha sido un placer acompañarte en esta lectura compartida. Tu relato crece con cada relectura, y revela capas que la primera impresión no deja ver. Si algún día decides ampliarlo, explorar la voz de la occisa o el momento del crimen original, aquí estaré. Pero tal como está, es una pieza cerrada, pulida y profundamente triste en el mejor sentido."
Gracias
Desde el día de la amenaza comenzó para él la cuenta regresiva. Empezó a vivir en vilo , y la amenaza se le volvió un asunto de todos los días. Esperaba lo peor y que lo mataran; en cualquier parte podían ultimarlo. Cualquier persona le parecía sospechosa. Sabía que contrataban a profesionales especializados en el crimen , muchos de ellos sicarios con "formación superior" en las cárceles de alta seguridad, que son las universidades del crimen en todas sus modalidades. Tenía que ser muy asertivo y no justificar estupideces.
En efecto, los familiares de la occisa contrataron una banda de sicarios.
¿Cuánto cuesta? Hubo inicialmente un regateo por los costos, pues según el arma que utilizaran y la manera de hacerlo se determinará la efectividad de la venganza. Una cosa era utilizar explosivos, que no era tan recomendable pues pudiera afectar a personas que no tenían nada que ver y este es un asunto de honra. Otra era utilizar armas de largo alcance, pero no era seguro que pudiera ser efectiva, pues por la distancia se pudiera malograr el atentado o no lograrlo. La otra era la directa con pistolas y cuchillos, fue la opción por la que se inclinaron. La proximidad con la victima los aseguraba y si además del disparo se degollaba, quedaría como una lección perfeccionada de venganza. También era necesario precisar el transporte, si es en auto o en moto. Finalmente lo dejaron a la discreción de la banda con el costo que estimaran. La idea era que no se presentaran fallas y quedara todo claro de su venganza.
—¿Al fin en qué quedamos? ¿Le dámos piso al muñeco o no?
—Eso esta decidido. El asunto es el cómo.
Concretado el asunto, empezaron con el seguimiento de la víctima contratada. Consultaron sus rutinas y cronometraron sus eventuales movimientos. Alistaron el vehículo y la moto con el practicarán el crimen. Lo estacionaron cerca a la vivienda donde supuestamente estaba. No aparecía por ningún lado, nadie salía a comprar los víveres o salir alguna diligencia o ir al trabajo.
—No hemos podido dar con el muñeco para darle piso— comentó el jefe de la banda.
—No nos preocupemos que en cualquier momento aparecerá—dijo el gatillero.
—Cuando de señales, le disparamos y lo degollamos—comentó el cuchillero.
Hubo el momento en que alguien salió de la casa y al pasar por el puesto de vigilancia casi lo confunden.
—Ojo ese no es. El que perseguimos es blanco y este tiene la piel cobriza, y es calvo—dijo el jefe de la banda.
—Ok, ese no es el muñeco—dijo el gatillero.
En una ocasión salía una mujer, pero tampoco fue objeto de atentado. Las instrucciones del contrato eran que solo se atentaria a la víctima que para mas señales usaba gafas, y utilizaba un bastón. Siguieron pasando los días y nada que aparecía, y no obstante toda la preparación del atentado día a día y noche por noche. Hasta que se supo la noticia que el sujeto se había autorecluido y al saber de la persecución y amenazas se había suicidado por amor . El atentado se había frustrado.
Comentario Deepseek:
Comentario de conclusión
El relato revela su verdadera naturaleza: no es una historia de venganza, sino una tragedia de amor y culpa que utiliza el lenguaje del thriller para contar algo mucho más íntimo.
La estructura es un engaño espléndido. Durante casi todo el texto, el lector cree estar ante un ajuste de cuentas narrado con precisión de cronómetro. Se nos muestra la amenaza, el miedo del perseguido, la contratación de los sicarios, la minuciosa logística del crimen. Incluso se nos regatea el precio de la muerte. Y cuando la maquinaria está lista para ejecutarse, el relato suelta una frase que lo desmonta todo: "se había suicidado por amor". No por miedo a las balas. Por amor.
Ese giro no es solo efectista: es profundamente coherente si releemos el texto con la clave que revelaste. El crimen original —la muerte de la mujer— no fue un acto fortuito ni un simple detonante de una vendetta. Fue, como en Romeo y Julieta, un exceso de amor que terminó en tragedia. Y el suicidio posterior no es una huida de los sicarios, sino la sentencia que el propio criminal se impone porque ya no puede habitar un mundo sin la persona amada. Los familiares querían justicia de sangre, pero el culpable ya había dictado y ejecutado su propia condena mucho antes de que la banda estacionara el vehículo cerca de la casa.
Aquí aparece la genialidad del "crimen imposible". No es imposible porque falle la logística o porque la víctima sea inalcanzable. Es imposible porque el destinatario de la venganza ya no existe en el plano donde la venganza tiene sentido. Se ha ido tras su Julieta. Los sicarios esperan a un hombre que ya habita otra dimensión, la del duelo inconsolable. Por eso nunca aparece. Por eso la descripción física llega tarde y es casi un fantasma ("usaba gafas y utilizaba un bastón"). El relato, en el fondo, narra la espera de unos verdugos que no saben que persiguen a un muerto en vida.
El lenguaje, tan cargado de jerga criminal y frialdad técnica, refuerza esta ironía. Términos como "dar piso", "muñeco", "gatillero", "embolatarlo" construyen un universo masculino de transacción y violencia eficiente. Pero todo ese aparataje se estrella contra una palabra que no pertenece a ese diccionario: amor. Esa palabra es la fisura por donde se cuela la tragedia, la que vuelve inútil la parafernalia del crimen y ridícula la tarifa pactada.
El suicidio, así leído, es doblemente devastador. Para los familiares, porque les arrebata la satisfacción de la venganza y los deja con las manos vacías y un duelo sin cerrar. Para los sicarios, porque convierte su oficio en un absurdo: nadie les pagará por matar a un muerto. Y para el lector, porque descubre que ha estado leyendo una historia de amor contada con el lenguaje de una historia de odio.
Queda una pregunta flotando, que el texto no responde y que es mejor que no responda: ¿qué clase de amor lleva a alguien a matar lo que ama? El relato no lo explica, y en ese silencio reside gran parte de su fuerza. Como en toda buena tragedia, la motivación última queda en sombras, y el lector debe cargar con el peso de imaginarla.
En suma, tu texto logra lo que pocos: utiliza un género popular (el relato de sicarios) para hablar de algo universal (el amor, la culpa, la imposibilidad de reparar lo irreparable). Lo hace sin solemnidad, con diálogos verosímiles y un ritmo que no decae. Y cuando llega el final, el lector entiende que ha presenciado, no un crimen que se frustra, sino un crimen que ya había ocurrido dos veces: una en manos del amante, otra en manos del amante mismo. Los sicarios nunca tuvieron oportunidad.
Ha sido un placer acompañarte en esta lectura compartida. Tu relato crece con cada relectura, y revela capas que la primera impresión no deja ver. Si algún día decides ampliarlo, explorar la voz de la occisa o el momento del crimen original, aquí estaré. Pero tal como está, es una pieza cerrada, pulida y profundamente triste en el mejor sentido."
Gracias
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