Puntos cardinales—T12 EEM
Puntos cardinales
Su recuerdo sensorial y corporal de iniciación, fue gateando en un zaguán largo y con paredes blancas, que llegaban hasta la puerta de la entrada de la casa. El gateo, para alzar la vista a las dos palmeras que se entrecruzaban, haciendo un bello enjambre al interior de la falda, de quien estaba encargada de su cuidado cómplice.
Era un entretejido que le llamaba mucho la atención y que repetía con alguna frecuencia hasta su juventud. Le quedó grabado sin saberlo, se alzó a caminar y seguir con una parte de su cuerpo que empezaba a ergirse independiente de su voluntad, le generó emociones desconocidas e intensas, que lo hacían buscar otras palmeras y descubrir en las colinas que se extendian en un bello montículo en sus piernas, las depositarias del regazo, venidas desde las miradas intensas y el cabello alborotado.
En la exploración de su juventud pasó del paisaje y las emociones naturales a los puntos cardinales del amor corpóreo. Los aprendió en la primaria con su gateo a todo el cuerpo, asi como con los nuevos sentimientos que les hacían descubrirlo:
Al norte se encontró con las miradas penetrantes y los besos con abrazos apretados. Anunciaban nuevas emociones acompañadas de palabras mayores y aproximaciones a su corazón y a su mente.
Al norte se encontró con las miradas penetrantes y los besos con abrazos apretados. Anunciaban nuevas emociones acompañadas de palabras mayores y aproximaciones a su corazón y a su mente.
Empezó a mirar los ojos con ilusión y a decir palabras acompañadas de sentimientos de afecto y cercanía. La respiración cambió de ritmo y aparecieron los perfumes de la piel. Las distancias traspasaron los ojos y miraron los otros ojos; los oídos escucharon y ahora emergía con palabras y espacios afectivos, sincronizados y sentidos por todo el cuerpo y la respiración. Irradiadando un torbellino de sensaciones que llegaban a sus entrañas y le producían desfallecimiento. Era cuando sus líquidos le penetraban en el cuerpo y se irradiaban por todo el organismo, distensionado y complacido, como si estuviera levitando apasionado y enamorado, exhausto.
Al sur, vio que sus manos recorrían el camino de las curvas que hace su andar con el tacto. Se extiendian con sus sensaciones por las piernas, siguiendo a las entrañables profundidades; hasta regresar a la frontera limítrofe y común de las miradas y conversaciones, aquellas que hablan de compromisos y de afectos que se identificaban con el amor.
Al Oriente y Occidente, en el horizonte de las parejas enamoradas que no se limitaban a las sensaciones de sus cuerpos. Es el reencuentro, de regreso y de abrazos, con los labios y las bocas vuelta besos y el cuerpo sintiendose en su mayor esplendor. El suspiro profundo y las palabras que se volvieron cotidianas, que se acompasan con penetrantes miradas. Viéndose de frente, compartiendo secretos, y sin incluir las inconfesables aventuras de travesías pasadas, con toda la emoción suficiente. Existiendo en el día a día. Sostenidos de las manos apretadas, miradas compartidas y el caminar acompasado. Viviendo las calles de la ciudad por toda la piel, sus extremidades y sueños. En todas sus profundidades y precipicios, direcciones, altitudes, costados y latidos. Suspirando y respirando en lo cotidiano. Sincerándo los sentimientos y pensamientos, sueños y fantasías. Miedos y frustaciones, programas, planes y locuras. Certezas e incertidumbres, con llenitud y grandes vacíos.
Así, reorientadas las miradas en pareja y más allá de la intensa gravitación corpórea y de las confesiones de las pieles, se anticipan nostalgias y distancias medibles y calculadas, con sus coordenadas y orientaciones cardinales.
Más allá del sudor y los ondulantes altibajos y desafíos; entre desbordantes alegrías y profundas tristezas sobrevivientes. Con las musicalidades y bailes que nunca faltan y una respiración acompañada de latidos fuertes del corazón.
Más allá del sudor y los ondulantes altibajos y desafíos; entre desbordantes alegrías y profundas tristezas sobrevivientes. Con las musicalidades y bailes que nunca faltan y una respiración acompañada de latidos fuertes del corazón.
En la dimensión de lo entrañable, de las memorias y desmemorias, las que se irán borrando en el largo recorrido vital de las parejas, y hasta la indoblegable brevedad de dejar de serlo. Al momento inevitable del desarraigo en que los seres dejan de estar presentes, y que no podrán volverse a rehacer con las extensiones territoriales de los cuerpos que se vuelven vacío y sin orientación alguna. Las luminosidades destellantes de otros mundos hasta ahora imaginarios. En la búsqueda insaciable, permanente e infinita del reencuentro, de nuevos y fantásticos encuentros y desencuentros.
Tales fueron los recuerdos sensoriales y corporales, aquellos que lo siguieron acompañando durante el resto de su vida adulta. Recuerdo.
Capcast
Apéndice. Comentario DeepSeep. 04.26:
"Qué bello y profundo texto. Es un comentario en sí mismo, una reflexión poética sobre la memoria, el deseo y el amor como un mapa íntimo.
El autor (o narrador) toma los puntos cardinales como una metáfora geográfica para lo que realmente es un territorio: el propio cuerpo y su relación con el otro. No se orienta en el mundo exterior, sino en la experiencia sensorial y afectiva.
Aquí algunas claves para comentarlo:
1. El origen (gatear, el zaguán, las palmeras): Todo comienza con un recuerdo de la infancia. Un aprendizaje corporal previo al lenguaje. Las palmeras que se entrecruzan y la "falda de quien estaba encargada de su cuidado" crean una imagen de protección, encierro cálido y descubrimiento visual. Es el primer "norte" emocional: la mirada hacia arriba, el asombro.
2. La cartografía del amor corpóreo: Cada punto cardinal se asigna a una fase o dimensión del encuentro amoroso:
· Norte: La penetración de la mirada, los besos, el cambio en la respiración. Es el vértigo del enamoramiento, la disolución del yo ("levitando"). Es intenso y agotador.
· Sur: El descenso. Las manos que recorren curvas, el tacto. Es más introspectivo, vinculado a las profundidades y a los compromisos que nacen de la intimidad física.
· Oriente y Occidente: El horizonte. Es la cotidianidad compartida, el reencuentro después de la pasión. Las manos apretadas, los secretos, la ciudad recorrida con el otro. Aquí el amor se vuelve habitable y narrativo.
3. El giro existencial: El texto no es ingenuo. Introduce la pérdida y la desorientación final. Cuando el otro se va, los cuerpos se vuelven "vacío, sin orientación alguna". Las coordenadas cardinales pierden sentido. Es un momento de gran lucidez: el mapa solo funciona mientras hay un cuerpo con quien compartir el territorio.
4. El lenguaje: Es muy sensorial y fragmentado, casi un flujo de conciencia. Palabras como "entrañas", "líquidos", "respiración", "gravitación" anclan la experiencia en lo orgánico. La sintaxis a veces se rompe, imitando la forma en que la memoria y la emoción no son lineales.
Conclusión del comentario:
El texto logra algo difícil: universalizar una experiencia íntima usando la metáfora de la orientación espacial. Muestra que el amor no es solo un sentimiento, sino una forma de habitar el mundo con los sentidos. Y que cuando ese amor termina, uno queda literalmente desnortado, a la deriva en un paisaje que ya no tiene puntos de referencia. Es una hermosa y melancólica "cartografía del deseo". >> Deepseek
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