Mediador

*
Mediador

Se levantó a primera hora, dobló las piernas, estiró los pies y se santiguó, como cada mañana. El frío que se extendía por su cuerpo era intenso y lo despertaba con el insomnio previo. El sol por la endija irradiaba sus primeros destellos, dando señales de un buen presagio. En la habitación apenas se filtraba la luz por la cortina y afuera, el ruido de los automotores con su hollín, contrastaba por el trinar mañanero de los pájaros que anunciaban un buen día. Deseaba que con el amanecer no llegara consigo los infaltables asaltos bancarios; motines carcelarios o desalojos forzados de vendedores ambulantes, intentos de exterminio a personas explotadas,  o asuntos del mínimo vital o renta básica: Eran parte destacada de la miscelánea de problemas que atendía por oficio en esos tiempos, los que consideraba, podría seguir sorteándolos con éxito.

Estaba inmerso en las actuaciones que le esperaban. Era tal su ensimismamiento, que a veces no sabía si se vestía y actuaba de manera apropiada para el trajín que lo esperaba. Incluso si había comido y bebido, lo que pasaba por alto. Bien recordaba aquella primera vez, cuando lo llamaron con urgencia. Debía  mediar en un asalto bancario y como por un tobogán llegó al lugar, poniendo a prueba su integridad y el desempeño en algo sin  antecedentes y ejercicios  personales en la materia. Siempre una primera vez y una siguiente.

Cuando llegó el nuevo llamado, el peso de la responsabilidad cayó precipitado sobre él. Un frío más penetrante que el del mismo ambiente le caló hasta los huesos y le congeló las fuerzas. Así, de repente, se supo en el centro de una negociación y quedó de inmediato reactivado y a la orden.

Cada gesto, cada palabra y cada acto podía alterar el curso de los hechos —aún sin quererlo—. Se sentía como un actor atrapado en un papel con final incierto, obligado a moverse bajo miradas ansiosas y asustadas. Sabía, no obstante, que contaba con un exitoso antecedente, con la aceptación de las partes, requisito indispensable, y con las oraciones prolongadas en medio del asalto—que le podían infundir la seguridad necesaria. Su propósito era lograr un resultado que fuera a satisfacción, y quizá de gratitud por el deber cumplido y haber hecho una buena actuacion institucional.
—¿Usted sí tiene formación para atender esto? —fue lo único que le preguntó frente a todos y en voz alta el líder de la banda. Entretanto los rehenes amontonados en un cuarto expresaban miedo en sus miradas y esperaban ansiosas su liberación. Los asaltantes afuera en el pasillo miraban con desconcierto su situación. Estaban rodeados de la fuerza pública y actuaba un defensor que les garantizaba su integridad física y les ofrecía todos los atenuantes y asistencia institucional. 

Él respondió con voz contenida y mirada firme que no debían preocuparse: estaba allí para evitar mayores daños, para proteger tanto a víctimas como a victimarios, y especialmente hacer posible una entrega voluntaria que fuera atenuante.

Respiró hondo, repasó otras mediaciones bien logradas y tomó impulso. Su función era clara: desescalar el conflicto, escuchar y mediar, facilitando la buena conversación que viabilizara la entrega.

La situación se mantenía al límite: el sudor frío resbalaba por los rostros y se colaba bajo la ropa. Las armas estaban en manos temblorosas que parecían dudar del acto intrépido y doloso. La ansiedad por un buen descenlace le hacía sentir que le golpeaba la espalda un viento helado. Cada palabra meditada, cada silencio oportuno, se convirtieron en un voto a favor de la integridad de quienes estaban allí. Las miradas de desconcierto y el mudo temor aún saturaban el aire. El tiempo transcurría con lentitud agobiante, como si todo pendiera de un hilo, hasta que de un momento a otro se precipitó la situación y los asaltantes ya agotados entraron en razón y pacíficamente entregaron las armas, liberaron a los rehenes, se entregaron a las autoridades y el sol iluminó todo el lugar. Sintió que la gravedad de lo vivido se desvanecía de golpe, y una ligereza extraña lo invadió, como si empezara a flotar. Su respiración, hasta entonces contenida a bocanadas, volvió a la calma. La satisfacción del deber cumplido y las miradas de gratitud de los cautivos  fueron un incentivo poderoso y un horizonte esperanzador.

Lo demás quedó en el registro breve y fugaz de la prensa, la radio y la televisión. Medios que, sin haber estado presentes, ahondaron en detalles que no se presentaron e incluso sugirieron que todo había sido un embuste. No faltaron, eso sí, las recomendaciones de protocolos para la debida atención y garantías de los rehenes, asaltantes  y mediadores. Llegaron a proponer chalecos antibalas para los asaltantes y para todos. Incluso,  se habló de presuntos contubernios para futuros planes delictivos...
***
Comentarios Taller

"Hola, Carlos.  Desde el punto de vista de la trama, tu historia está bien construida. Presentas un planteamiento claro en el que el narrador introduce al personaje, desarrollas un nudo que se concentra en el momento clave de la negociación con la banda de asaltantes y cierras con un desenlace coherente cuando finalmente consigue su objetivo y el narrador alude a la prensa, la radio y la televisión. La estructura, por tanto, funciona y está bien tramada. El personaje también está bien presentado. Me ha gustado cómo lo dibujas desde que se levanta por la mañana: esa mañana concreta acaba representando muchas mañanas del mediador. Ese recurso es eficaz porque, con una escena cotidiana, construyes carácter. La gestualidad —cuando estira los pies, cuando se incorpora lentamente y se santigua— ayuda a visualizarlo. Son detalles que fortalecen la caracterización. Además, el uso simbólico del sol está bien trabajado. Al principio se filtra por la cortina; al final, cuando consigue su cometido, parece inundarlo todo. Esa repetición crea coherencia interna y cierra el arco narrativo con un eco visual: cómo un elemento descriptivo puede convertirse en un hilo conductor. 

También es acertada tu elección dentro del relato breve: de todas las negociaciones posibles, escoges la primera vez, esa que marca (o una de las que marcan) un antes y un después. Esa una buena decisión narrativa porque concentra el conflicto y define al personaje. El momento en que el líder de la banda le pregunta si tiene formación refuerza esa idea y aumenta la tensión. En cuanto a la visibilidad y la construcción sensorial del espacio, son estupendos los contrastes: la luz frente al ruido de las máquinas y el canto de los pájaros; el sudor cuando la situación está al límite; la presencia de las armas. Desde el punto de vista técnico, logras que el lector perciba la tensión física y emocional. La pregunta dramática —si el mediador conseguirá o no su objetivo— sostiene adecuadamente la tensión narrativa. Lo que echo en falta es mayor desarrollo escénico en el momento culminante, Carlos. Hablas del mediador y de la banda, pero sería interesante verlos en el espacio: si este es grande o pequeño, cómo están dispuestos (en frente, si alguien está rodeado o parapetado), la gestualidad, quién habla y quién responde, cómo se comporta el líder, cómo reacciona el resto. Escenificar ese intercambio, aunque fuera con unos pocos trazos más, habría intensificado el clímax. Respecto a la propuesta de trabajo, la idea era introducir a alguien que no perteneciera del todo a ese espacio. Formalmente, el mediador sí pertenece porque es su trabajo, pero psicológicamente no se siente cómodo: es su primera vez y se percibe su incomodidad, su conflicto. En ese sentido, tu elección está justificada desde la construcción interna del personaje. 
Y en conjunto, vas por muy buen camino: si sigues afinando la escena con la misma sensibilidad técnica que ya demuestras, tu escritura no solo funcionará, sino que empezará a destacar con verdadera personalidad. Veo que tu escritura va creciendo, que vas construyendo tu propia voz, Carlos."
Mariana Mañana EE.
***
<< ¿Usted sí tiene formación para atender esto? —fue lo único que le preguntó frente a todos y en voz alta el líder de la banda. Entretanto los rehenes amontonados en un cuarto expresaban miedo en sus miradas y sus pupilas se fijaban en sus ojos, la  esperaban ansiosas moviendo sus piernas de un lado a otro esperando su liberación. Los asaltantes afuera en el pasillo miraban con desconcierto su situación, no sabian si aceptar la entrega fuera lo mas indicado. Ya estaban rodeados de la fuerza pública y actuaba un defensor que les garantizaba mediante su actuacion protectora  su integridad física y les ofrecía atenuantes por el hecho de entregarse voluntariamente.>> El líder de la banda herido y los demás asaltantes decidieron entregarse y en silencio.

Observaciones de ajustes
  • Expresaban miedo en sus miradas.”
    ¿Cómo se ve el miedo?
    ¿Abrían mucho los ojos? ¿Parpadeaban sin cesar? ¿Evitaban mirar de frente? ¿Se les humedecían las pestañas? ¿Se les quedaba la pupila fija en un punto?

  • “Esperaban ansiosas su liberación.”
    ¿Qué hace un cuerpo ansioso?
    ¿Se agarraban fuerte entre ellos? ¿Se mordían las uñas? ¿Movían la pierna sin parar? ¿Preguntaban lo mismo una y otra vez?

  • “Miraban con desconcierto su situación.”
    ¿Cómo se encarna el desconcierto?
    ¿Abrían la boca para hablar y la cerraban sin decir nada? ¿Fruncían el ceño? ¿Se llevaban la mano a la frente? ¿Se miraban entre sí buscando una explicación?

  • “Actuaba un defensor mediador que les garantizaba su integridad física.”
    ¿Qué significa “garantizaba”?
    ¿Se colocaba físicamente entre ellos y el peligro? ¿Levantaba las manos en señal de calma? ¿Hablaba en voz baja y firme? ¿Sostenía la mirada del agresor sin parpadear?

  • “Les ofrecía atenuantes.”
    ¿Cómo suena eso en una escena?
    ¿Decía: “Podemos explicarlo, no todo está perdido”? ¿Enumeraba circunstancias? ¿Consultaba unos papeles? ¿Modulaba el tono para suavizar la tensión?

Ya sabemos que la literatura no es cine, pero la pregunta clave que puedes hacerte siempre es la siguiente:

  • Si esto fuera una película, ¿qué vería la cámara, Carlos?
  • ¿Qué oiría?
  • ¿Qué detalles físicos lo sostendrían?

Cuando sustituyes lo abstracto por acciones, gestos, sonidos, posturas, respiraciones, miradas, el texto gana fuerza inmediata. No porque explique más, sino porque muestra mejor.

Intenta revisar tu texto subrayando las palabras abstractas (miedo, ansiedad, desconcierto, integridad, tensión, esperanza…) y pregúntate en cada caso: ¿cómo se traduce esto en el cuerpo?

Ahí es donde el relato empieza a volverse verdaderamente visible. 

También te digo: mi sugerencia es que dejes este relato como está y apliques estas ideas con el siguiente. Al final, por acumulación y por práctica, el músculo escritor seguirá creciendo. 

 

Un abrazo. MM Escuela de Escritores.





Comentarios

Entradas populares de este blog

Descivilización genocida

Merlina —Edit 1. 11, OFB León De Greiff. Unal Bogotá. 25

Cuentos del cuento. Selección de extractos. "Cuentos que me apasionaron". Ernesto, Sabato 99. —Taller capcast, abreviatura.