Cixin Liu. La tierra errante, Nova, 19. Extractos
"Lo único que hacían era(...) implorar (...):
-Somos dioses, somos los creadores de este mundo, ¿no podrían darnos algo de comer?
-Si tan solo hubieran sido uno o dos ancianos quienes decían aquello, los habrían tomado por indigentes con demencia senil y hubieran terminado internados en algún asilo. En cambio, millones de hombres y mujeres de edad avanzada vagando por las calles y diciendo lo mismo suponía algo distinto.
En apenas medio mes, el número de ancianos errantes llegó a superar los treinta millones. Inundaban las calles de grandes ciudades como Nueva York, Pekín, Londres o Moscú y por todas partes podían verse apelotonándose en masa, incluso cortando el tráfico. En ocasiones parecían superar en número a los propios habitantes de las ciudades. Pero, lo más inquietante era que todos iban repitiendo la misma frase:
"Somos dioses, somos los creadores de este mundo, ¿no podrían darnos algo de comer?" —Fue entonces cuando los humanos centraron por fin su atención en aquellos extraños personajes". Extracto de: Cixin Liu. La tierra errante, Nova, 19(:300).
-Pero... ¿qué o quiénes son, en realidad? (...)
-Os lo hemos dicho muchas veces -exclamó el anciano moviendo las manos con vehemencia—. Somos dioses.
-¿No podría explicarse un poco más?
-Nuestra civilización, eh... llamémosla la civilización de los dioses, existe desde mucho antes del nacimiento de la Tierra.
>>Cuando la civilización de los dioses inició su declive, plantamos la semilla de la vida en la Tierra. Después rompimos la barrera del tiempo viajando a la velocidad de la luz y, cuando la vida en la Tierra hubo evolucionado a un determinado estadio, regresamos, introdujimos unas cuantas especies basadas en nuestros gentes ancestrales, eliminamos a sus enemigos y continuamos guiando se evolución hasta que la Tierra se convirtió en el hogar de una especie como la nuestra.
[-Pero... ¿qué o quiénes son, en realidad?(...)]. Ibídem, 302
Del epilogo:
"-Despues que una crisis medioambiental de escala planetaria. La creciente contaminación y el deterioro de la capa de ozono mataron la poca vegetación que quedaba y el aire respirable se convirtió en una codiciada mercancía. La única opción que teníamos para salvar la Tierra era detener por completo la actividad de todas las industrias pesadas y energéticas.
-Salvaría el medio ambiente, pero también supondría el fin de la civilización -interrumpió Huabei.
-Eran muchos los que estaban dispuestos a pagar ese precio con tal de solucionar el problema. Sin embargo, otros siguieron buscando alternativas. Al final se estimó que lo más factible era reubicar todas las operaciones industriales en la luna y en el espacio exterior.(...). p. 394
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