"La revolución de la vida cotidiana", A. Heller, Barcelona, 94. —Desgloses

Desgloses a la "Revolución de la vida cotidiana", A. Heller, Barcelona, 94. 

La vida cotidiana
    "Para que los miembros singulares de una sociedad puedan reproducir la propia sociedad, es preciso que se reproduzcan a sí mismos en tanto que individuos. La vida cotidiana es el conjunto de las actividades que caracterizan las reproducciones particulares creadoras de la posibilidad global y permanente de la reproducción social. No hay sociedad que pueda existir sin reproducción particular. Y no hay hombre particular que pueda existir sin su propia autorreproducción. En toda sociedad hay, pues, una vida cotidiana: sin ella no hay sociedad. Lo que nos obliga, al mismo tiempo, a subrayar conclusivamente que todo hombre -cualquiera que sea el lugar que ocupe en la división social del trabajo- tiene una vida cotidiana.
    En la época histórica que precede a la civilización sólo existía -si bien con algunas limitaciones- la vida cotidiana, en la medida en que no existía, o apenas existía, separación entre el proceso de conservación de la especie y el del individuo. Las grandes objetivaciones de la sociedad en su conjunto: el trabajo en cuanto actividad fundamental de todo punto necesaria para la reproducción de la sociedad, la ciencia, la política, el derecho, la religión, la filosofía y el arte tomaron cuerpo independiente o, lo que es igual, se despegaron respecto de la vida cotidiana en virtud y a consecuencia del desarrollo de la propiedad privada y de la alienación." p. 9
Ideología 
"El factor ideológico, con cuya ayuda el individuo viene a hacerse capaz de operar una selección en la estructura de hábitos de las actividades vitales cotidianas, no es otro que la concepción del mundo. 
    La concepción del mundo no es simplemente ideología; es, además, una ideología individual; es la imagen del mundo -construida, en último término, con la ayuda de conceptos filosóficos, éticos —con la que el particular ordena su propia actividad individual en la totalidad de la praxis. En esa medida -y solamente en esa medida- asume la vida cotidiana del individuo un carácter filosófico; hace tal, en fin, cuando y en la medida en que el individuo es <<guiado>>> por la concepción del mundo en la tarea de dirigir su vida [categoría central de la vida cotidiana"], en la ordenación de su propia forma de vivir." p. 16
La idea de que primero hay que abolir la alienación económica y política es metafísica 
   "(...)Nos hemos propuesto como objetivo la realización de una sociedad no alienada, no es la abolición de la vida cotidiana lo que tenemos que formular conceptualmente, sino la creación de una vida cotidiana no alienada. Sin limitarnos, además, a su mera formulación teórica: entre nuestros objetivos ha de estar también el de su realización tentativa —en el marco de las circunstancias dadas. Lo que en modo alguno ha de entenderse, por supuesto, como una propuesta de retorno a la ilusión inicialmente esbozada por Schiller a propósito de la educación estética, según la cual la configuración de un modo de vida individual y hermoso es un programa a realizar y realizable antes de la transformación económica y política. Por otra parte, sin embargo, la idea de que primero hay que abolir la alienación económica y política para seguidamente humanizar post festa las circunstancias y relaciones humanas cotidianas no deja de aparecérsenos como una idea no menos metafísica. No otra fue, por lo demás, la ilusión de la Ilustración francesa"(...). Ibídem, p. 18. (Cursiva fuera de texto). 
La abolición positiva de la alienación
"En sus tesis sobre Feuerbach, Marx nos presenta otras perspectivas. La tarea de transformar económica y políticamente la sociedad en el sentido de la abolición positiva de la alienación, sólo resulta realizable y en cuanto tal nos incumbe a todos de poderse superar a un tiempo, dentro de las posibilidades existentes, el aspecto subjetivo de la alienación. O lo que es igual, si no nos limitamos a lu char por el cambio de las instituciones; si lo hacemos también por la transformación de nuestra propia vida cotidiana; si creamos, en fin, comunidades que den un sentido a nuestras vidas y tengan además un valor modélico". Ibidem,p. 19
Una cuestión central 
"Pensemos en las comunas berlinesas o, incluso, en el coloquio Cohn Bendit - Sartre. Las consignas políticas, por muy progresistas que sean, no bastan. Y ello ni siquiera por mucho que puedan ayudar a los marxistas revolucionarios a entender este movimiento o incluso a intentar dirigirlo por el camino de la abolición positiva de la alienación. Porque la cuestión central es -¡entre otras, por supuesto!- la siguiente: ¿podemos ofrecer una forma de vida nueva? Y: ¿qué forma de vida podemos ofrecer? (...) "p. 20

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