Happycracia. Cabanas-Illouz, Paidos, 19. Cit. Capcast, Ci.
Conclusión. Happycracia. Cabanas-Illouz, Paidos, 19. Cit. Capcast, Ci.
<<Si al final resultara que la felicidad sí que es ese bien supremo al que todos debemos aspirar, como dicen cientificos y expertos, entonces creemos que la felicidad sería algo demasiado importante como para dejarla en manos de una ciencia tan débil y tan ideológicamente sesgada, tan integrada con el mercado de consumo, tan útil para la política neoliberal y tan complaciente con las grandes empresas.
Hay de hecho muchas razones para no confiar del todo en aquellos que dicen tener los secretos de la buena vida. Porque ya hemos visto de dónde vienen tales afirmaciones, cómo se han forjado y para qué sirven; hemos visto quién se beneficia más de ello y qué intereses hay detrás; y porque ya lo hemos escuchado una y mil veces antes: la ciencia de la felicidad es tan solo la última versión de toda una tradición de supuestos descubridores de la felicidad. También debemos desconfiar de los científicos y expertos de la felicidad porque, a pesar de prometer y prometer que nos darían esas claves, los secretos de la buena vida siguen sin aparecer. Todo lo que tenemos a ese respecto son «palabras, palabras, palabras», que decía Hamlet a Polonio. Y aunque si bien no está del todo claro cuánto han contribuido los científicos y expertos de la felicidad a mejorar la vida de la gente, no hay duda de que estos científicos, expertos y otros vendedores sí que han obtenido enormes beneficios.
Tenemos también razones para pensar que los secretos de la felicidad nunca llegarán, aunque solo sea porque de haber alguna clave, es muy posible que esta no sea de orden psicologico. (...) (: 181)
"La célebre refutación del utilitarismo propuesta en 1974 por el filósofo Robert Nozick, quien proponía al lector una experiencia de pensamiento muy peculiar: tenía que imaginarse dentro de una máquina que le proporcionase alo cual sensación de placer cuando se la demandase.
A la persona, instalada en esa maquina, daba a entender Nozick, se le haría creer que vivía permanentemente la vida que deseaba vivir. La cuestión planteada siguiente:
¿Es preferible esa máquina a la vida verdadera, supuestamente menos placentera? Responder a esta pregunta parece hoy de actualidad más candente aún que en aquella época, sobre todo a vista de la creciente hegemonía de la ciencia de la felicidad (y de las tecnologias virtuales). Nuestra respuesta, parecida a la de Nozick, es que: El placer y la búsqueda de la felicidad no pueden triunfar sobre la realidad y la búsqueda del saber, sobre el pensamiento crítico, la reflexión sobre nosotros mismos y el mundo que nos rodea. La industria de la felicidad, que hoy trata de obtener el control de nuestras subjetividades, es el equivalente contemporáneo de la <<máquina de experiencias>> de Nozick.
Esa industria de la felicidad no solo perturba y confunde nuestra capacidad para conocer las condiciones que moldean nuestra existen; también anula y deslegitima esa capacidad, la vuelve irrelevante. El conocimiento y la justicia, antes que la felicidad, siguen siendo los valores más revolucionarios que tenemos en nuestras vidas. " Conclusión. Happycracia. Cabanas, Illouz, Paidos, 19: 185.Cit. Capcast, Ci.
Comentarios
Publicar un comentario