“A Hannah Arendt con amor”, Efraín Jaramillo Jaramillo. Colectivo de Trabajo Jenzera. Extractos
<<Él cumplió con su deber. No sólo obedeció las órdenes, también obedeció a la ley>>. Con una normativa e institucionalidad criminal que ellos mismos moldearon e impusieron, según su ética salvadora y de legitimidad del supuesto destino histórico de su raza y el imperioso obedecimiento debido al Führer que la representaba, por parte de "Estos hombres (que) no fueron pervertidos ni sádicos, sino que fueron y siguen siendo, terrible y terroríficamente normales(...) en unas circunstancias que casi le impiden saber o intuir que realiza actos de maldad", H. Arendt, Epílogo, 21:402-403
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Por esos "avatares de la vida, terminó convertido en eslabón de una cadena criminal que atentó contra la humanidad y dignidad de varios pueblos. (...)".
Una cadena de "hombres “banales”(que) han sido quizás los peores (...) del mal que surge de lo cotidiano, de lo burocrático, el mal desplegado por un funcionario, esa banalidad del mal personificada en Eichmann>>:
—<<El texto tenía entonces como fin “que mis amigos también se regocijaran con el pensamiento político de Hannah Arendt, una de las figuras más significativas de la filosofía alemana de la segunda mitad del siglo XX”... Para el Semanario saco hoy de nuevo a la luz este texto, ligeramente editado, pero con el mismo título: “A Hannah Arendt con amor”, Efraín Jaramillo Jaramillo. Colectivo de Trabajo Jenzera>>—.
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"A Hannah Arendt con amor
(una lectura recobrada)" —
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<<El mal no se presentaba sólo en psicópatas como Hitler, Bormann, Goebbels, Göring o Himmler.
Se presentaba también en seres “cotidianos” y triviales como Eichmann, un hombre de pocas ambiciones, un agente viajero que quería ser masón y que, por esos avatares de la vida, terminó convertido en eslabón de una cadena criminal que atentó contra la humanidad y dignidad de varios pueblos, sobre todo de un pueblo bíblico, como el judío.
Para Arendt Eichmann carecía de facultades para pensar por sí mismo, era sólo un autómata, a quien le habían arrebatado la capacidad de pensar, sobre todo, de diferenciar el bien del mal, de decidir entre lo justo y lo injusto.
Para ella estos hombres “banales” han sido quizás los peores. Las palabras con las que cierra el capítulo final del libro condensan esa noción del mal que surge de lo cotidiano, de lo burocrático, el mal desplegado por un funcionario, esa banalidad del mal personificada en Eichmann:
“Él cumplió con su deber...; no sólo obedeció las órdenes, también obedeció a la ley”.>>:https://viva.org.co/cajavirtual/svc0776/articulo04.html#_ftn2 >>>
https://youtu.be/qUpGe03Y8q8
PS. A H. Arendt la acusaron de defensora del victimario y de haber tenido amores, hecho comprobado y reincidente, con el filósofo del nazismo Hieddeger, entre otros.
Clases invisibles. Textos y extractos ilustrativos, Capcast Carlos A Perdomo
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