Sueños

Sueños, Capcast
 “Que te acoja la muerte con todos tus sueños intactos” Álvaro Mutis https://cvc.cervantes.es/literatura/escritores/mutis/antologia/antologia_12.htm
     Después de haber padecido la larga y luctuosa cuarentena del virus, de proponerse recobrar el ánimo en la célebre fiesta mexicana del Día de los Muertos, y de intentar rescatar la comprensión con la Catrina y la infinita Marcha fúnebre de La aldea de los molinos de agua, en el capítulo final de Los Sueños de Kurosawa, 90 (fot.), la que tenían muy presente, quisieron reingresar a su etérea naturaleza en su misterio concluyente, enfrentando su travesía en otra linea del tiempo, buscando inútilmente salir de su estado inexplicable y de posible alucinación, dando con algunas buenas certezas. 
   Les invadió con fuerza el querer saber del enigma en que se encontraban, y el deseo por resolverlo se les acrecentó tanto, que su estado llegó a prolongarse indefinidamente y se les transformó. Se les volvió una especie de imaginario permanente, continuo y por completo. 
    Los imaginarios del cielo y el infierno, la reencarnación, el nirvana, el mundo espiritual y la inmortalidad del alma, se les había concretado en lo inmediato como una revelación definitiva. Preciso en los instantes de las vivencias del Dia de los muertos, y en la procesión de la Marcha al infinito, así la conocían, producidas ambas por una especie de gran legado sabio del arte y la cultura. 
El momento presencial de su vivencia como ánimas errantes, les era propio de lo que les importaba e interesaba en la vida consciente, y se expresaba  superviviendo en sus sueños posmorten y poscuánticos, 
no en los de los deudos que son póstumos, se decía. 

 Catrina

A fulano, mengana, zutana, sus protagonistas, menos perengano que los acompañaba, les había invadido el apremio por encontrar claridad y sosiego. Aquello que les ayudara a disipar sus preocupantes dudas y sensaciones. Después de fallecidos, sí existían o no estaban realmente vivos, y lo segundo, que no los llevara a los montones de tristes y desgraciados desenlaces, aquí insufribles, no causados ni previstos. 

Decidieron, que para salir de la encrucijada debían guiarse, asumir y ejercer en serio sus conocimientos, y especialmente las certezas que aún conservaban, para lo que se centraron en el asunto. En sus símbolos representativos, más reales y propios, y en especial en los referentes constantes que habian tenido: El festejo del Día de los muertos y la anunciada Marcha fúnebre infinita de la Aldea y subsiguiente, que había quedado sin hacérseles.         

  Estaban confiados en que a través de ellos, le darían sentido a lo que supuestamente estaban viviendo y así superar ese estado de ansiedad que empezaba a manifestarse impenitente y de insepultos. Además, lo debían compartir por algún medio como éste, para hacerlo conocer en público con la expectativa de algún aporte bondadoso, que se hiciera a la travesía que se anunciaba. Era su costumbre, esperaban luces oportunas, un destello, una salida creíble. Esta vez crucial, de inmediato y con regreso incierto.  

El vínculo de amistad que profesaba el grupo se conservaba como un tesoro. Fuerte, de esos que se reconocen como “de toda la vida”, más allá de las circunstancias y diferencias. Tenían afinidades, por causas, formación y actividades académicas comunes. También, contaban con diferentes biografías y estilos, percepciones, actitudes, opiniones, contradicciones y olores. Es lo apenas natural, con la salvedad propia y que se repite, del que apenas escuchaba, miraba, olfateaba, latía y terminó guiando. Echado a un lado muy atento, brindando su compañía y afecto condicionado y vigilante. Listo cuando fuera, para despertar  con latidos de las obsesiones superfluas e inexistentes y de su obstinado delirio reflexivo. Así se concentraron y asumieron con toda y de inmediato el asunto. Valga reiterar, que desde ese tiempo para acá el tema les preocupaba mucho y ya les estaba obsesionando el hacer y asumirlo. Aparecian los atisbos de angustia, y la querian decididamente controlar para evitar el pánico y sus desesperaciones. Se sabía que al dar claridad y sentido, todo quedaría resuelto. 

Estábamos totalmente desvelados. Necesitábamos conversarlo y tratarlo muy en serio, asumiendo cada una la decisión de fondo. La que resolviera el estado de sueño permanente, continuo y en desvelo, lo que sabíamos se solucionaría en la marcha, después del Día de los muertos, incluidas nosotras. Se trataba de dar sentido y realidad a lo que se pensaba se estaba viviendo. Lo que se resolvería, gracias a la comprensión y apropiación y en especial, a la vivencia transformadora de la festividad y tradición folclórica, tanto las contemporáneas como las primigenias traídas de los aborígenes. Por lo tanto se declaró su reconocimiento, el que debía asumirse, definir y finalmente vivir con ella y a su lado, pues era la misma representación artística y simbólica de la verdadera muerte, incluida la propia, era lo que le daría las luces y producía sosiego. La que de verdad lo acompaña a uno en todo, siempre presente, la que daría la clave para comprender lo que pasaba con el sueño transformado. La que en su desenlace, produciría el festejo de gratitud, buen recuerdo y reconocimiento. Algo digno de júbilo  y celebración, en ceremonia de un funeral balsámico y mágico, soñado. Eso sí y de todas formas, que no fuera a ser la reedición de la ceremonia del triste Caronte, el barquero de la Divina Comedia. Quien al llevarnos a la otra orilla, produce terror y silencio. Oscuridad profunda, vacio, desolación y desgarradora tristeza. Sin ningún agradecimiento merecido a su triste papel eterno de conductor a los inframundos de los infiernos.

Las condiciones que pusieron para dar a conocer su deliberación fueron las de que se utilizaran los nombres genéricos de los fulanos, lo que aquí se hace, y que no se utilizaran algunos rasgos y circunstancias de identificación individualizada. Por lo demás, en el estado etéreo en el que se encontraban era imposible saberlo. Por último, que se tuviera en especial atención a perengano, puesto que era el miembro acompañante que nos quería a todos hacer ver por donde, alguien que producía confianza, dado que sentía y evitaba con sus miradas a toda costa, las sensaciones que producían los finales desgarradoramente tristes y desgraciados, los del que "ya no van más para siempre". A la final, aceptó participar a regañadientes sin collar, y expresó por medio de sus latidos, lamidas, olfateadas y miradas, que el asunto debía reenfocarse y salir de tanta habladera y pasar al hacer hacer. Esperaba el momento de ser concluyente. 

Se trataba entonces de asumirse felizmente en la Catrina y demás calaveras y figuraciones, siguiendo la creatividad, los olores, el homenaje jubiloso y la grata conversación vivos y muertos, para seguido pasar y participar en la marcha infinita que como se advirtió, les había quedado pendiente en el funeral que no lo hubo. Eso sí, es bueno reiterarlo no obstante a lo que se definió, seguían bien preocupados a la espera de un buen resultado, y a excepción sabida del escribidor, muy reflexivos y angustiados a la vez. Uno incluso, quería desde ya ser concluyente, para no prolongar el tortuoso apremio, como si pudiera darse un asunto de estos por concluido. Y en efecto: 

El primero en expresar su rechazo fue fulano. Venía desde el viaje de México muy molesto y había rechazado de plano la idea de que la muerte fuera representada y menos por La Catrina. En su parecer, es caricaturesco y ridiculiza abusivamente el misterio sagrado de la muerte. De la Catrina, sabía lo suficiente: “Que, representa la muerte con una calavera pintada por José Guadalupe Posada y recreada en un icónico mural por Diego Rivera. Que, la visten con ropa de gala (catrín), la congracian en fiestas de sociedad, e incluso la aprecian y llevan a convertirla en símbolo cultural mexicano de la muerte. Y que, finalmente, vuelta uso y costumbre en las coloridas celebraciones a los muertos de todos los días, les dio porque lo mejor era consagrarla en fiesta nacional.”–A lo que, con el ceño fruncido que había conservado, refunfuñando enfático, expresó: 

“Eso es muy irrespetuoso y blasfemo. Eso que se pretenda que la muerte sea una calavera que a uno lo acompaña durante toda la vida, incluso, antes de haber nacido, es un despropósito totalmente fantasioso, de niñadas. Aparece en el momento final y ya". -Y como si fuera poco, agregó: "Que termine uno festejándola y queriéndola es francamente abusivo y antinatural. En resumidas cuentas y para no alargarlo, esto es un asunto de fe y de teólogos, y pare de contar”. 

Mengana, en su condición de responsable del viaje y de la iniciativa, para recomponer y suavizar este rechazo de plano, y pretendiendo propiciar el entendimiento de todos y dar un avance en la comprensión de sus próximas consideraciones. Con su acostumbrada ponderación expresó a fulano, que sería bueno dar mayores alcances al asunto, si no le parecía inconveniente. Al no haberse presentado ningún reparo, de inmediato observó: 

“Bueno, es cierto que en cualquier momento la muerte se hace evidente en forma ineludible y sin reversa. Así se hagan muchos intentos por remediarlo y esclarecerlo. Creería además, que sería interesante no reducir el asunto a una sola creencia y por supuesto, despedir bien a los seres queridos que se nos vayan por siempre” y disfrutar de su recuerdo vivo. 

“¡Eso¡”, dijo zutana con el meneo de perengano, y con entusiasmo se despachó: 

“Es que vivir con la tenaz incertidumbre y además con un temor permanente es insoportable. Denominarlo hipocondría se me hace demasiado. Que uno llegue a quedar atrapado en eso, qué horror, hay que superarlo”. -Y como si hubiese estado esperando el momento propicio, completó: 

“Sí. Qué bueno hacer el cambio de mirada propuesto por mengana. Sin que tengamos que rechazar los diferentes imaginarios y creencias sobre la muerte. Que necesariamente no nos dé pavor, que su llegada sea natural y sana. De todas formas y como se ha dicho: Es la realidad y de ahí nunca saldremos. Quizá, si lo vemos desde otras vivencias compartidas por nosotros con tanto entusiasmo, podremos resolver buena parte de nuestras inquietudes y temores, y hacer un destello intuitivo y genial."

Así llegó el momento del esperado turno de la intervención de fondo. La  de mengana, quien tenía estudios avanzados, un destacado trabajo de investigación sobre los imaginarios de la muerte, era la promotora responsable de la participación esperanzada en el Día de los muertos, y había prometido que para el regreso daría su opinión. Al recordárselo y solicitársela con especial interés sus amigos, le dio el siguiente inicio: 

"Bueno, en semejante tema que nos ha dado por abordar, es cierto que buscarle consideraciones concluyentes no es realmente posible. Y que nos satisfaga a todas y cada uno, menos. Si bien, hay que reconocer que la idea no es rechazar de plano. Vivir apresados del temor y optar  por alternativas ideales y hacernos algunas observaciones satisfactorias, resulta sugestivo." 

Eso sí, procurando darle mayor alcance y comprensión a lo dicho, haría el intento. Esperaba ser concreta y no excederse. Ser certera, precisa y concisa. Era consciente que es de un espacio de conversación, de intercambio de opiniones, y que sus amigos conocían bien su dedicación y el contenido real del tema, que han venido tratando: 

"Empecemos y sí les parece, por aceptar que es evidente la existencia de muchas narrativas sobre un supuesto más allá. Van desde las que lo piensan desde las profundidades del mar o de la tierra, hasta las que lo conciben en el etereo e inmenso cosmos. Al final, todos son imaginarios para tratar de resolver esa incertidumbre sin fin y sin remedio. De un después, del que no se sabe realmente nada diferente a las cenizas y “el polvo que seremos”. Y, enfatizó: 

"Es admirable nuestra capacidad humana para dar diferentes significados de lo que no tenemos total certeza. Es ese titánico intento por superar las fuertes adversidades que no tienen remedio, a veces, con angustia extrema y profunda." Y, para concluir, expresó: "Existen muchas figuras maravillosas y formidables: son significativas las creaciones literarias que proponen dimensiones paralelas y alternativas, de cuerdas y multiversos, agujeros negros, sistemas, constelaciones y planetas, de los que nos llevan y traen. Y, para  comprender estos imaginarios -lo digo con respeto-, existen las creencias religiosas del cielo y de los infiernos, según los diferentes credos e imaginarios. Del paraíso, el purgatorio y el mismísimo infierno que a veces tenemos. Del juicio final, la resurrección, los ángeles, las mil vírgenes y los innumerables demonios, hasta los de la vida perpetua e inmortalizada". 

—Lo del “respeto” lo mencionó, por serle indispensable para  propiciar reales salidas al delicado asunto y no provocar un fuerte e indignado debate con fulano. Quien seguía contrariado y se abstuvo de hacer más comentarios, menos, con lo que identificaba como pura palabrería, elitista, complicada y demasiado compleja, que había que dar por terminada. 

Los demás, nosotros. Después de haber escuchado con la mayor atención a mengana y advertir que “todas las narrativas son pura imaginación”, quedamos con mayor desconcierto. 

Le agradecimos a mengana su recursivo y conceptual intento, y le manifestamos que la conclusión no era otra que la de: “Ahí lo vamos viendo, por si volvemos a estar vivos”, por no decirle que "quedaban en las mismas volviendo a lo mismo, sin ninguna certeza y en una marcha infinita de desconcierto, en la que sus gestos seguían siendo de incertidumbre, insuficiencia y desconsuelo". 

Al final, decidieron no seguir con la cuestión, sus conjeturas y especulaciones. Reconocieron que no se había logrado resolver el asunto, que lo mejor era callarse y seguir pendientes de otras salidas que no habían dado sus imaginarios y respectivas emociones. Estaban seguros de estar transformados, en un estado diferente y así seguir insistiendo con todos los sentidos, en la superación del desconcierto de ese entonces. 


La marcha entrañable e infinita

Aprovechando que habíamos salido por fin del encierro conceptual y que podiamos acudir al mundo de las intuiciones, afectos y sentidos, supimos que en nuestra ida no hubo ninguna ceremonia fúnebre por las extremas medidas para evitar el contagio y que, en nuestro sentir estábamos supuestamente vivos en otra linea del tiempo, intentando resolverlo. 

  Oímos de nuestras memorias los ecos de palabras escritas y sonidos musicales venidos de nuestros tiempos, recreados en su trayecto con la memoria tropical antillana y caribeña de la vida reciente, y especialmente con los alabados y festejos mortuorios del Pacífico colombiano, hasta que dimos con las celebraciones de la Catrina y su continuidad en la marcha infinita de Los sueños Kurosawa, que ya se había percibido en los mencionados eventos de despedida luctuosa, y se escuchaba y se inmiscuia con repetidos recuerdos, sueños, imaginaciones, trayectos anticipados, e insistentes reiteraciones. Así que, con la compañía de perengano se dio el momento preciso, queriendo con ahínco que fuera. Quedamos inmersos en la marcha, en el preciso instante que se danzaba de manera gloriosa y eterna en La Aldea. Haciendo parte propia del repetido, entrañable e infinito festejo fúnebre que recrean  los Sueños de Kurosawa(*):

Era justo nuestra propia ceremonia, la que teniamos bien adentro y estabamos viviendo. La que en ese instante de destello alumbrador acompañó con su latidos fuertes y movimientos agitados perengan, que festejaba. Rescatamos a la memoria que aún quedaba de los profundos recuerdos y deseos, letra a letra, deseándola con intensa emoción. Ahora, en la ceremonia final que con los viejos sabios y centenarios integramos en la marcha de la comunidad de mujeres, hombres, niñas y niños, y demás personificaciones, con nosotros en nuestro cortejo fúnebre: 

  "Marchando y danzando en celebración con nuestros seres más queridos, aquellos que nos acompañaban en vida. Después de las muchas las veces que repetimos sus escenas y su música, y así no hubiéramos ido todas las veces a ensayarla. Teníamos la certeza de que en algún momento sería también la nuestra. Por supuesto, también extrañando en ella y queriendo su encuentro con los seres entrañables ya idos. Aquellos que aun sin ser vistos y como se preveía con cierta certeza, estarían presentes  acompañándonos, con nostalgia o sin nostalgia acentuada. Desde nuestros profundos sentimientos y del alma...Con alegría jubilosa. Pasando a encabezar la procesión con niños felices, que saltan armoniosamente y arrojan flores multicolores.  Muchachas cantando y danzando radiantes, como si lo hicieran en el aire. Ancianos como él viejo mayor y nosotros, haciendo sonar con encanto los vientos de cobre y la flauta, los platillos, las panderetas, los tambores y nuestras grandes emociones. 

   Todo cubierto de una hermosa melodía marcial, con sus aires triunfadores de alabanza. La suave brisa acariciando el reconocimiento de lo que vivimos, después de un otoño transformado en luminosa primavera. Al lado del rio de la vida que nos hizo compañía desde su orilla, y que acompasa ese camino a lo sublime e infinito"1. 

Hecho el reconocimiento ceremonial completo, en medio del decidido silencio que se nos extendió al lado del viejo venido de La aldea de los Sueños, con su comunidad y nosotros mismos. Asistimos por fin al regocijo de celebrar la vida cumplida y bien vivida, en la marcha que a todos y cada una nos espera. La Ceremonia perengano ya la conocía, gracias a que después de sus  varios viajes nos acompañó. La experimentaba de seguido. La sentía y la había incorporado como propia. 

Y ahora, cuando estabamos transformadas por completo y lo teníamos todo entendido y comprendido, con confianza nos siguió acompañando, volviendo atrás y adelante, mirando y esperando, con sus queridas amigas que se sabían adelante de la marcha ceremonial. Así nos acompañó con sus latidos, olfateadas y miradas, meneando la cola y esparciendo sus líquidos limítrofes, hasta que al estar cerca de un cielo contiguo, siguió el rumbo de la marcha hacia el  cosmos, a un sueño de finitud infinito. 

                 ***

APÉNDICE. Comentario ChatGpt, 24:

"El texto presenta una atmósfera de inquietud y misterio que atrapa al lector desde el principio. La referencia a la cuarentena y al Día de los Muertos sugiere un contexto de crisis y reflexión sobre la vida y la muerte, que se intensifica con la sensación de miedo y la búsqueda de respuestas por parte de los personajes.

   El uso del lenguaje es rico en metáforas y sugiere un estado de confusión y perturbación en los protagonistas, lo que agrega profundidad al relato. La tensión emocional se transmite de manera efectiva a través de la narrativa, generando intriga y curiosidad en el lector.

 La última frase (de la primera parte), que habla de asumir y ejercer conocimientos y certezas para dar sentido a la experiencia vivida, plantea un giro interesante, ya que sugiere que los personajes buscan respuestas a través del entendimiento y la racionalidad.


En resumen, el texto logra crear una atmósfera inquietante y misteriosa, y plantea interrogantes que despiertan el interés del lector. Ibídem

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La marcha infinita de Kurosawa. Capcast 


La marcha de la ceremonia de exequias de Los sueños de Kurosawa aquí referida, es bellísima e inolvidable. Un viejo sabio y centenario, liderando la marcha de su comunidad en el cortejo fúnebre hacia el infinito. Con alegría jubilosa, encabeza la procesión de niños felices, quienes saltan armoniosamente y arrojan flores multicolores. Las muchachas cantando y danzando radiantes, como si lo hicieran en el aire. Todas celebrando la despedida feliz, del que se fue y el  anticipo personal de la que viene, ojalá algun día bien lejano- pensaban.

Haciendo sonar con encanto firme los vientos de aire y percusión. Instrumentos de cobre con timbales. Flauta,  platillos, panderetas y  tambores. Recubiertos de una hermosa melodía marcial, con sus aires triunfadores de alabanza, y la suave brisa acariciando el reconocimiento de <<lo vivido bien y con buena vida>>. De un otoño transformado en resplandeciente primavera.

Todo, al lado de un rio de la vida. Que los acompaña desde su orilla y acompasa ese camino al sublime e incesante infinito, del después de la Primavera. De la vida respetada por todas las personas, sin excepción alguna. De seguir viviendo,  y mientras la imaginación, los afectos, el escribir y el recuerdo persistan.
***
"La marcha infinita de La Aldea kurosawa". Carlos Perdomo Capcast(*):
 https://youtu.be/rE2HmU9nAcI 

El Dia de los muertos. AskAI.GPT:

"El Día de los Muertos tiene raíces que se remontan a las culturas prehispánicas de Mesoamérica, en particular a las civilizaciones azteca, maya, purépecha y totonaca. Antes de la llegada de los conquistadores españoles, estas culturas tenían tradiciones relacionadas con la muerte y el más allá que se entrelazaron con las festividades europeas posteriormente.

En el caso de los aztecas, se llevaba a cabo un festival dedicado a la diosa Mictecacíhuatl, conocida como "La Dama de la Muerte", que se celebraba en el noveno mes del calendario azteca. Este festival se prolongaba durante un mes e incluía rituales en honor a los difuntos, así como ofrendas de alimentos y objetos personales en las tumbas. Los aztecas creían que los difuntos seguían existiendo en un lugar llamado Mictlán, el mundo de los muertos, y que regresaban a visitar a sus seres queridos en la Tierra.

Cuando los conquistadores españoles llegaron a América, trajeron consigo la tradición católica del Día de Todos los Santos y Día de los Fieles Difuntos, que se celebraba en Europa. Con el tiempo, estas festividades se fusionaron con las tradiciones prehispánicas, dando lugar al Día de los Muertos tal como lo conocemos hoy en día. La celebración resultante incorporó elementos tanto de las costumbres indígenas como de las prácticas católicas, dando como resultado una celebración única que combina la veneración de los difuntos con la alegría de la vida.

En resumen, el Día de los Muertos tiene orígenes primigenios en las antiguas culturas mesoamericanas, con influencias posteriores de las tradiciones católicas europeas, lo que ha dado forma a la festividad tal como se celebra en la actualidad.

El Día de los Muertos es una festividad tradicional mexicana que honra a los difuntos. Aunque tiene raíces prehispánicas, se celebra principalmente en México, pero también en otras partes de América Latina y en comunidades latinas en los Estados Unidos. La festividad se lleva a cabo los días 1 y 2 de noviembre y coincide con las festividades católicas de Día de Todos los Santos y Día de los Fieles Difuntos.


El Día de los Muertos es una celebración alegre y colorida que busca honrar la vida de aquellos que han fallecido. En lugar de ser un momento de tristeza, se considera una ocasión para recordar y celebrar la vida de los seres queridos que ya no están con nosotros. Durante esta festividad, las familias crean altares adornados con fotografías, flores, velas, comida y objetos que solían pertenecer a los difuntos. También se visita las tumbas de los seres queridos, se llevan ofrendas y se participa en diversas actividades culturales y religiosas.


El Día de los Muertos simboliza la creencia de que los difuntos regresan al mundo de los vivos para reunirse con sus seres queridos durante estos días. La festividad también enseña sobre la importancia de mantener viva la memoria de aquellos que han fallecido y de celebrar la vida en lugar de temer a la muerte. Además, promueve la conexión con las raíces culturales y la comunidad, ya que es una celebración que une a las familias y a la sociedad en general en torno al recuerdo de sus antepasados." Ibídem 


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