El dolor. T33 RB.EE
Era una sensación que poco a poco se volvió irresistible y llegó a imposibilitar las salidas a caminar. El primer concepto médico se dió una vez fue vista la radiografía de columna , el segundo debía hacerse después de una resonancia magnética, con la que se podía determinar con exactitud de qué se trataba y cuál era su origen,
El dolor le evolucionó de tal manera que ya no podía caminar y debía optar por una clínica de urgencia, como en efecto sucedió. En la clínica, el triaje determinó que si bien no comprometía los signos vitales ni ponía en riesgo la vida, debían tratarse por urgencia ante un dolor que seguía sin contemplaciones.
Del dictámen médico. Se registró que la primera atención fue hecha por el médico general, quien prescribió unos analgésicos y una radiografía, para que el especialista dictaminara el procedimiento a seguir. Pasaron varias horas de haberse hecho el exámen. El especialista lo estudió y prescribió unos analgésicos más fuertes, a los que denominó una bomba, y ordenó cita con el especialista en columna.
Los medicamentos se aplicarían en el área de observación y se daría de alta, ofreciendo sus respectivas explicaciones en torno a los cuidados y medicaciones: Prescribió una terapia sedativa de estiramiento, fortalecimiento muscular, y unos medicamentos analgésicos. Las recomendaciones fueron las de no levantar ni mover elementos pesados ni hacer deportes, y hacer terapia física. Previó una posible intervención quirúrgica, le deseó buena suerte y
que la intervención no fuera invasiva. Esto, en cuanto al dictámen médico.
Entretanto, mientras seguía su curso el procedimiento médico, él empezó a imaginarse en otro cuerpo y en otra vida. Quería escapar de sus sensaciones intensamente dolorosas. Veía sus fotos de años pasados y buscaba reincorporarse en aquellos tiempos. Una de ellas era en sus estadías en la playa, recibiendo la brisa del mar y el golpeteo de las olas. Otra, montando en la bicicleta que usó desde sus primeros años con la que recorría la cicloruta, o estar viajando en un globo de Capadocia, cuando se sintió levitando en el aire y recorriendo lentamente la geografía montañosa. Quería estar viviendo otra vida y en otras circunstancias, una vez se despertara. Era solo una ilusión imposible que no podía soslayarse.
Sabía que estaba buscando evasivas y que en últimas debía afrontar todo el proceso. Mientras tanto, tomaba sus medicamentos, hacía la fisioterapia prescrita y seguía en su imaginación transportándose a tiempos mejores. No obstante, recordó aquella vez en que tuvo su primera cirugía. Había que hacer una extirpación total de la parte enferma. En su recuperación postoperatoria debía hacer ejercicios para readaptarse, lo que logró superar al fin de cuentas. En esa decidió poner las manos a la obra. Lo asumió.
Ahora, para esta nueva ocasión, esperaba el dictamen y la prescripción del especialista en columna y cirugía para también atenderlos. Cuántas veces pensaba que estos procedimientos causaban desasosiego y había que asumirlos, pero que existía la posibilidad de no fuera invasivo y desproporcionado.
Los días y la noches corrían algunas veces con una lentitud mayor a la acostumbrada. Se imaginaba otra vez en una sala de cirugía expuesto a los posibles riesgos. Que si podía volver a caminar normalmente o quedaría alguna secuela lamentable, que no podría soportar. En la resonancia apareció el principal causante, un quiste entre las vértebras, que estrechaba los conductos y hacía que los músculos apretaran los nervios, generando los dolores musculares. El quiste debía extirparse o minimizarse.
Al fin decidió atenerse a lo que estaba por venir, pues el tiempo no se detiene, una veces se percibe muy lento y otras veces no se sabe como pasó. Lo cierto es que llega el momento en que hará lo que corresponda y que por mucho que se imagine transportarse a otros tiempos, es el real el que se le presenta. Sea o no inmisericorde, llega porque llega y hay que asumirlo como viene, enfrentándolo de frente.
Sabiendo que lo supera o lo doblega.
—Fue lo que dijo.
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