Declaraciones temblorosas
"Fue después de un fuerte temblor, causado por un inconsulto y atrevido terremoto":
—Cómo, cuándo y dónde, menos. Nadie sabe con exactitud el momento, la intensidad, las condiciones precisas, el espacio y el sitio en que ocurrirá, el impacto y por si acaso el relato si se siguiera existiendo.
Todo es y sigue echado a la suerte, a las previsiones posibles probables, y a la buena de Dios según las creencias y supuestas certezas. A las capacidades y destrezas, y a la confianza de que, por si acaso, se nos volviera a presentar: "Que no sea más fuerte y tembloroso, desastroso y destructivo como un terremoto desastroso, terremonstruoso".
:Que contemos con protecciones efectivas y seguro, con la esperanza de que podremos seguir 'Viviendo para contarlo"—.
Un fuerte, inconsulto y atrevido terremoto, con la velocidad de un movimiento planetario indoblegable que dejaba su huella. Al final, desató el miedo tembloroso y el ruego a lo divino y humano, para que nunca fuera permanente, desastroso,
insoportable, 'terremonstruoso'.
***
Díme entonces que hiciste en el momento del temblor, se le preguntó a los entrevistados y esto respondieron:
—"Nada" ¿nada?:
Estuve echado a la suerte, quieto, en calma y alerta.
Solo lo sentí temblando. Miré al techo y las ruedas de la silla que giraban hacia adelante y atrás, y sentí que me golpeteaba la espalda. Temblaba.
No tuve ningún temor, encima de la cabeza no había peligro y el escritorio es de madera dura, bien resistente. Permanecí tranquilo, conservando la calma. Era claro que en mis condiciones forzadas de inmovilidad no había juego, y que el temple, las previsiones y la ciencia le dan a uno sus certezas. Aquí sentado a la suerte y con fuerza a la silla, me era "imposible moverme", estaba claro y definido, no habia nada más que hacer.
—Nada, no hice nada. Quedé quieto, en calma y alerta. El piso es alto. No posibilita bajar por escaleras. En los supuestos recomendados y muy relativos 30 segundos para un temblor fuerte y largo, con sus réplicas y hasta contraréplicas. Tendría que ser por ascensor, lo que tampoco se recomienda para nada, o volando sin alas, imposible.
Figúrate: En hamaca, la silla habitual, sillón, en andamio o parapeto, o en el parque y el andén habitual, daba lo mismo.
La vida de unas placas de la tierra estaba moviéndose y yo leyendo inmerso, con lápiz en mano. De repente, creí que era solo la imaginación creativa,
el de un momento especial de la lectura. Para allá y para acá, moviéndome sin voluntad propia, en circunstancia de trance y apremio mayor:
"Al instante me sentí precipitado naufragando. En la proa de un barco, balanceado con un fuerte oleaje tempestuoso, furioso e incontrolable, revolcándo, y precipitándome a las profundidades submarinas.
O tal vez, fue tumbándome con precipitud al suelo en un avión. Volando en medio de una fuerte turbulencia, sacudido y veloz de lado a lado, de arriba y abajo, como llevándome a estrellar al piso."
Eran sensaciones de imágenes que estaban reservadas en mi memoria, esperando el momento preciso para recrearse veloces y salir con toda. Y resultó que la realidad, no era en el agua ni en el aire. Fue en tierra al piso, con un temblor fuerte y largo, que solo había vivido hace tiempo, siendo niño y por las noticias que no pensé revivirian.
—Me puse en guardia observando al piso, a las paredes, las ventanas y el techo. Aferrado de las mejores precauciones cotidianas ya hechas, con invocaciones y rezos. De todas formas saldría bien librado, la cabeza estaba protegida con la cachucha de viaje e iría a un extremo de la hamaca, o de los brazos de la silla, del sillón o del sofá, y eso sí, al frente con una mesa o escritorio de madera fuerte, con el maletín de primeros auxilios, lazos y paracaidas.
Con suerte y fe en lo humano y lo divino, de suertudo y por si acaso contado por escrito y con oraciones. En antelación de los que sigan llegando, ojalá "en mucho, muchísimo tiempo y sin ningún calamitoso desastre"...—se oía el eco.
***
2.
Declaraciones temblorosas subsiguientes:
—Nada, estaba dormido y sentí que me movían la cama. Lo único que hice fue bajarme y mirar abajo y en guardia quien me la movía.
—Pues el cuarto esta con lámparas y lo único que hice fue al ver su balanceo, calcular la inclinación para deducir su intensidad, la que fue registrada con la misma aproximación por el noticiero.
—Pues el cuarto esta con lámparas y lo único que hice fue al ver su balanceo, calcular la inclinación para deducir su intensidad, la que fue registrada con la misma aproximación por el noticiero.
—Nada. Estaba frente al escritorio, buscando algún punto agrietado que no hubiera previsto. Y a la vez, figúrate, disfrutando el extraño placer de semejante sorpresa, que sin consultarme, me movía con fuerza el cuerpo de lado a lado. Y seguido, terminar ansioso de que el temblor venidero, sea dentro de muchos, muchísimos años y nada destructivo.
—Nada en cambio. Yo seguí durmiendo. Las pastas que suavizan mis dolencias, me mantienen dormida. Y si es de despertar, que sea a tiempo con un buen almuerzo y muy buenos y efectuosos dias, excelente humor y noticias bellas de la vida.
—Nada. Estaba con el taladro y el vibrador. Rompiendo el concreto de una columna del trabajo rutinario y de algunas tensiones e indiferencias dañinas.
—Nada, estaba sentado conduciendo y de inmediato solo me orillé. Rogando no quedar al frente de un edificio desplomándose y que el temblor no fuera tan fuerte y largo.
—Nada. Me centré en el piso. En los excasos centímetros en los que estaba parado, estuve tomándola del brazo.
—Nada, me sali de mí. Tuve que estar pendiente de ella que se puso en pánico. Ella es toda mi vida, no tuve tiempo para nada más que intentar darle calma.
—Nada, salí pálido corriendo por ella para que me protegiera y me diera tranquilidad. Y supiera que estoy con ella.
—Nada, fue un temblor fuerte. Quedé privado del susto, en postura de congelado y quieto como una estatua.
—Nada, estaba metido en el transporte público urbano, y además clavado en el celular.
—Nada, solo salí pitao en pánico a la calle.
—Nada, solo me agarré de la cama que parecía un bote moviéndose en medio de un fuerte oleaje.
—Nada, no hice más que salír veloz a amparar a mi muñeca. Con ella, estoy toda.
—Nada. No lo vi, ni lo sentí ni lo pensé. No lo viví. Estaba en otro tiempo y espacio. Nada de nada, estaba durmiendo y el breve y fuerte maqueo me despertó y me dejo con los ojos abiertos.
Así seguían y seguro seguirán las múltiples declaraciones sobre los instantes de los temblores vividos para contarlos. Según las circunstancias que se lleguen a presentar y por supuesto, sin incluir los casos en que haya sido tanta la idílica pasión, que no se hayan dado cuenta de nada. Y por contraste, aquellos que en un refugio antiterremoto, o en el de sus propios embustes y ocupaciones internas, estuvieran sin saber nada de lo que pasó afuera.
Cuándo, cómo y dónde, ni menos porqué. Todo echado a la suerte, a las previsiones posibles, a las destrezas, la esperanza y la fe de poder seguir viviendo. En casos sin ningún desastre irremediable, salvo y por ejemplo, la de un triste, lamentable y simbólico desespero de vida, dado en una joven en primavera, que apresurada salió volando de un piso alto a tierra.
Mientras tanto, la vida de las placas tectónicas sigue y seguirá moviéndose. Capcast
3. Posdatas.
—Nada en fin. A la suerte, y a las limitadas previsiones y destrezas. Ante la naturaleza moviéndo el destino de vida, no hay voluntad que la sobreponga y no podemos vivir con miedo.
Las cosas no se repiten necesariamente en el mismo sitio ni con sustos fuertes. Dicen sabedores expertos, que es el instante de quedarse quieto y en alerta. Sin hacer nada, tranquilo y con las pilas puestas, "lo que ha de ser que sea" y en estado de autosocorro y alerta. Preferiblemente, en sitio seguro y de confianza, con las previsiones aseguradas por si acaso, y si se presentaren agrietamientos, buscar la salida cuando se pueda, seguir un protocolo de urgencia y el de la buena suerte bendecida. Es lo que se hace, y nada más, tranquilo y al acecho, y si es del caso, rezaremos incluso de rodillas, es de la autonomía libre de todas las personas, según cada quien y las circunstacias. Capcast
4. Apéndice. Algunas declaraciones de terremotos siguientes
—Nada, imploré la protección de Dios y el otro exclamó el acostumbrado e inmediato improperio exclamado.
—Literalmente nos cogió con los calzones abajo, no se escuchó ninguna sirena y lo único que quería era volver a encontrarme con mi madre.
—<<Había demasiadas rocas, como balas cayendo desde arriba. No sabíamos hacia dónde correr. Todos estábamos asustados", dijo a SET News, afiliada de CNN, un trabajador que fue rescatado de la mina a cielo abierto de Zhonghe.>> CNN
—Estaba transmitiendo las noticias y tan pronto lo sentí continué en el estudio con mi labor, describiéndo lo que veía en vivo e intentando controlar los nervios.
—Me cogió nadando y solo ví que el oleaje se movía rápido de arriba a abajo, y que yo braceaba instintivamente más fuerte que nunca hasta llegar en instantes a la orilla, eso creo.
—Salimos presurosas por las mascotas y una de nosotras jamás regresó.
—Estaba en el balcón de un piso alto cuando vi que los edificios del frente se derrumbaban y que mi cuerpo se precipitaba hacia abajo. No se cómo del susto me agarré de una baranda a otra, lo que me sostuvo en medio de los destrozos y las paredes tumbadas, todo inclinado hacia abajo. Lo demás fue obra de un solidario, intrépido, valeroso y oportuno rescate.
—Ni cuenta me dí, me agarré con las manos la cabeza y todo quedó oscuro. Cuando me enteré habia perdido todo, hasta la vida pasada.
Extractos de prensa
<<Carlos, un joven que vive en el distrito Tucheng de Nuevo Taipéi, localidad pegada a la capital taiwanesa. Al ser consultado, comentó:
“A las 07:58 de la mañana estaba durmiendo y de repente sentí el terremoto pero creí que era algo normal. Pero luego el temblor fue mucho más fuerte”, dijo al tiempo de reconocer que se sintió “raro” en ese momento. El joven contó que recogió sus cosas más importantes y se disponía a correr hacia fuera de la casa pero comenzó a disminuir el temblor.“Creo que duró entre 30 y 40 segundos”, advirtió y cerró su testimonio:
“Caos total en poco tiempo”.>>
<<Cristina reside en la capital taiwanesa y también contó sus sensaciones a El Litoral. “De repente hubo un temblor fuerte. La estantería se movía y las luces también. Unos segundos después, las noticias ya hablaban de daños y pérdidas”, aseguró. “En este momento sabíamos que fue el terremoto más grande durante los últimos 25 años. El metro fue suspendido entre 40 minutos a 60 minutos, en pleno horario de trabajo”, agregó la joven entrevistada.>>
https://www.ellitoral.com/internacionales/video-terremoto-taiwan-primera-persona-testimonios-jovenes-taipei-peor-25-anos-vivieron_0_MpeIPpakyz.html
“Ojalá todo vaya bien”
<<Cristina reside en la capital taiwanesa y también contó sus sensaciones a El Litoral. “De repente hubo un temblor fuerte. La estantería se movía y las luces también. Unos segundos después, las noticias ya hablaban de daños y pérdidas”, aseguró.
“En este momento sabíamos que fue el terremoto más grande durante los últimos 25 años. El metro fue suspendido entre 40 minutos a 60 minutos, en pleno horario de trabajo”, agregó la joven entrevistada.>> https://www.eltiempo.com/mundo/asia/todo-fue-caos-el-terror-que-vivieron-los-latinos-durante-terremoto-de-7-4-en-taiwan-3330185
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<<Stephen Gao, sismólogo y profesor de la Universidad de Ciencia y Tecnología de Missouri, le dijo a La Nación, de Argentina:
“La isla ha implementado códigos de construcción estrictos, una red sismológica de clase mundial y campañas de educación pública generalizadas sobre seguridad en caso de terremotos”.>> https://www.elespectador.com/mundo/mas-paises/cuatro-razones-por-las-que-el-terremoto-en-taiwan-dejo-relativamente-pocas-muertes/
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Editado:
Declaraciones temblorosas
Fue después de un inconsulto y atrevido temblor que, con la velocidad de un movimiento planetario indoblegable, dejaba su huella. Le dejó con un miedo tembloroso y le promovió el ruego permanente a lo divino y humano para que nunca fuera 'terremonstruoso'.
¿Entonces qué hiciste en el momento del temblor?, se preguntó a los entrevistados y esto fue lo que respondieron;
—"Nada".
¿Nada?
—Estuve en la sala sentado y echado a la suerte, quieto. Controlando las reacciones y conteniendo la respiración. Solo lo sentí temblando. Miré al techo que me daba protección y agarré las ruedas de la silla, que giraban hacia adelante y atrás. Sentí que me golpeteaba la espalda. Temblaba. No tuve ningún temor, creo; encima de la cabeza no había peligro y el escritorio es de madera dura, bien resistente. Permanecí relativamente tranquilo y pensé que ningún daño iba a recibir. Era claro que, en mis condiciones forzadas de inmovilidad, no había juego para nada más. El temple, las previsiones y la ciencia le dan a uno sus certezas. Habrá que evidenciar, cuando se vuelva a presentar el sismo siguiente, que no ha de faltar. Supongo que no me ha dejado secuelas que tratar— dijo Fulano.
—Yo tampoco hice nada. Quedé quieto, en calma y alerta, tratando de controlar el miedo. El piso es alto y no posibilita bajar por escaleras en los recomendados y muy relativos 30 segundos para una réplica de un temblor fuerte y largo. Tendría que ser por ascensor, lo que tampoco se recomienda para nada, o volando sin alas, imposible. Figúrate: en la hamaca, la silla habitual, el sillón, en andamio o un parapeto, o en el parque, daba lo mismo. La vida de unas placas de la tierra estaba moviéndose y yo leyendo inmerso, con lápiz en mano. De repente, creí que era solo la imaginación de un momento especial de la lectura. Para allá y para acá, moviéndome sin voluntad propia, en circunstancia de trance y apremio mayor, posiblemente pálido, con las cejas contraídas y los párpados superiores levantados, la boca entreabierta y los labios tensos y estirados hacia atrás:
"Al instante me sentí precipitado, naufragando. En la proa de un barco, balanceado con un fuerte oleaje tempestuoso e incontrolable, revolviendo todo a su paso, precipitándome a las profundidades submarinas.
O tal vez, fue tumbándome en un avión dirigido con precipitud al suelo. Volando en una fuerte turbulencia, veloz de lado a lado, de arriba y abajo, como llevándome a estrellar contra el piso."
Eran sensaciones reservadas en mi memoria, esperando el momento preciso para recrearse y salir con toda. Y resultó que la realidad no era en el agua ni en el aire. Fue en tierra al piso, con un temblor fuerte y largo, que solo había vivido hace tiempo siendo niño. Hasta ahora. Supongo, no he tenido necesidad de terapias— expresó Zutano.
—Yo, en cambio, me puse en guardia, observando al piso, las paredes, las ventanas y el techo. Aferrado a las mejores precauciones cotidianas, y por si acaso, con invocaciones y rezos. De todas formas saldría bien librado; la cabeza estaba protegida con la cachucha de viaje e iría a un extremo de la hamaca, o de los brazos de la silla, del sillón o del sofá, y eso sí, al frente con una mesa o escritorio de madera fuerte, con el maletín de primeros auxilios, lazos y paracaídas.
Con fe en lo humano y lo divino, y de suertudo, contando por escrito los que sigan llegando, ojalá "en mucho, muchísimo tiempo y sin ningún calamitoso desastre" y según el eco que quedó por todas partes. Finalmente, como si la tuviera, se volvió a una calma que de vez en cuando se altera cuando vuelven los inevitables temblores— manifestó Mengano.
Las impresiones subsiguientes fueron tales como:
—Nada, estaba dormido y sentí que me movían con fuerza la cama. Lo único que hice fue bajarme y mirar abajo, puesto en guardia, a ver quién me la movía. Mire las lámparas del cuarto y lo único que hice fue, al ver su balanceo, calcular la inclinación para deducir su intensidad, la que fue registrada con la misma aproximación moderada de 4.7 de intensidad que reportaron los noticieros—comentó Perencejo.
—Nada. Estaba frente al escritorio, buscando algún punto agrietado que no hubiera previsto. Y a la vez, figúrate, disfrutando el extraño placer de semejante sorpresa, que sin consultarme, me movía con fuerza el cuerpo de lado a lado. Y seguido, terminé ansioso de que el temblor venidero no fuera destructivo y dentro de muchos, muchísimos años y nada, dijo Fulana.
—Nada en cambio. Yo seguí durmiendo. Las pastas que suavizan mis dolencias me mantienen dormida. Y si es de despertar, que sea a tiempo con una buena comida y muy buenos y afectuosos días, excelente humor y noticias bellas de la vida, expresó Zutana.
—Nada, no hice más que salir veloz a amparar a mi muñeca. Con ella, estoy en todo, concluyó Perenceja.
Y así seguían las diferentes impresiones. No se sabía si el miedo era ocultado, si era real o imaginario, si se repetía en forma permanente o era un ocasional que parecía eterno y se exacerbaba por algún sismo. La información de los temblores que suministran los medios oficiales no permitía conservar la tranquilidad necesaria. Lo cierto es que a todo momento se preguntaba cuándo se presentaría y causaría estragos. En quienes la situación era de miedo tembloroso, en el caso más crítico, permanente e intenso, se decidió acudir al terapeuta. Desde ahí no se volvió a saber noticias, salvo que los internaron en un largo tratamiento sin comunicación con el mundo exterior, sin visitas y sin que indefinidamente los dieran de alta. Los demás siguen con el impacto hasta un nuevo temblor que no cause pánico; basta que sea la intensidad promedio o que la supere y pase del 5.5 para que el miedo irrumpa sin atenuantes y aparezcan declaraciones temblorosas y temblores no terremonstruosos.
Fue después de un inconsulto y atrevido temblor que, con la velocidad de un movimiento planetario indoblegable, dejaba su huella. Le dejó con un miedo tembloroso y le promovió el ruego permanente a lo divino y humano para que nunca fuera 'terremonstruoso'.
¿Entonces qué hiciste en el momento del temblor?, se preguntó a los entrevistados y esto fue lo que respondieron;
—"Nada".
¿Nada?
—Estuve en la sala sentado y echado a la suerte, quieto. Controlando las reacciones y conteniendo la respiración. Solo lo sentí temblando. Miré al techo que me daba protección y agarré las ruedas de la silla, que giraban hacia adelante y atrás. Sentí que me golpeteaba la espalda. Temblaba. No tuve ningún temor, creo; encima de la cabeza no había peligro y el escritorio es de madera dura, bien resistente. Permanecí relativamente tranquilo y pensé que ningún daño iba a recibir. Era claro que, en mis condiciones forzadas de inmovilidad, no había juego para nada más. El temple, las previsiones y la ciencia le dan a uno sus certezas. Habrá que evidenciar, cuando se vuelva a presentar el sismo siguiente, que no ha de faltar. Supongo que no me ha dejado secuelas que tratar— dijo Fulano.
—Yo tampoco hice nada. Quedé quieto, en calma y alerta, tratando de controlar el miedo. El piso es alto y no posibilita bajar por escaleras en los recomendados y muy relativos 30 segundos para una réplica de un temblor fuerte y largo. Tendría que ser por ascensor, lo que tampoco se recomienda para nada, o volando sin alas, imposible. Figúrate: en la hamaca, la silla habitual, el sillón, en andamio o un parapeto, o en el parque, daba lo mismo. La vida de unas placas de la tierra estaba moviéndose y yo leyendo inmerso, con lápiz en mano. De repente, creí que era solo la imaginación de un momento especial de la lectura. Para allá y para acá, moviéndome sin voluntad propia, en circunstancia de trance y apremio mayor, posiblemente pálido, con las cejas contraídas y los párpados superiores levantados, la boca entreabierta y los labios tensos y estirados hacia atrás:
"Al instante me sentí precipitado, naufragando. En la proa de un barco, balanceado con un fuerte oleaje tempestuoso e incontrolable, revolviendo todo a su paso, precipitándome a las profundidades submarinas.
O tal vez, fue tumbándome en un avión dirigido con precipitud al suelo. Volando en una fuerte turbulencia, veloz de lado a lado, de arriba y abajo, como llevándome a estrellar contra el piso."
Eran sensaciones reservadas en mi memoria, esperando el momento preciso para recrearse y salir con toda. Y resultó que la realidad no era en el agua ni en el aire. Fue en tierra al piso, con un temblor fuerte y largo, que solo había vivido hace tiempo siendo niño. Hasta ahora. Supongo, no he tenido necesidad de terapias— expresó Zutano.
—Yo, en cambio, me puse en guardia, observando al piso, las paredes, las ventanas y el techo. Aferrado a las mejores precauciones cotidianas, y por si acaso, con invocaciones y rezos. De todas formas saldría bien librado; la cabeza estaba protegida con la cachucha de viaje e iría a un extremo de la hamaca, o de los brazos de la silla, del sillón o del sofá, y eso sí, al frente con una mesa o escritorio de madera fuerte, con el maletín de primeros auxilios, lazos y paracaídas.
Con fe en lo humano y lo divino, y de suertudo, contando por escrito los que sigan llegando, ojalá "en mucho, muchísimo tiempo y sin ningún calamitoso desastre" y según el eco que quedó por todas partes. Finalmente, como si la tuviera, se volvió a una calma que de vez en cuando se altera cuando vuelven los inevitables temblores— manifestó Mengano.
Las impresiones subsiguientes fueron tales como:
—Nada, estaba dormido y sentí que me movían con fuerza la cama. Lo único que hice fue bajarme y mirar abajo, puesto en guardia, a ver quién me la movía. Mire las lámparas del cuarto y lo único que hice fue, al ver su balanceo, calcular la inclinación para deducir su intensidad, la que fue registrada con la misma aproximación moderada de 4.7 de intensidad que reportaron los noticieros—comentó Perencejo.
—Nada. Estaba frente al escritorio, buscando algún punto agrietado que no hubiera previsto. Y a la vez, figúrate, disfrutando el extraño placer de semejante sorpresa, que sin consultarme, me movía con fuerza el cuerpo de lado a lado. Y seguido, terminé ansioso de que el temblor venidero no fuera destructivo y dentro de muchos, muchísimos años y nada, dijo Fulana.
—Nada en cambio. Yo seguí durmiendo. Las pastas que suavizan mis dolencias me mantienen dormida. Y si es de despertar, que sea a tiempo con una buena comida y muy buenos y afectuosos días, excelente humor y noticias bellas de la vida, expresó Zutana.
—Nada, no hice más que salir veloz a amparar a mi muñeca. Con ella, estoy en todo, concluyó Perenceja.
Y así seguían las diferentes impresiones. No se sabía si el miedo era ocultado, si era real o imaginario, si se repetía en forma permanente o era un ocasional que parecía eterno y se exacerbaba por algún sismo. La información de los temblores que suministran los medios oficiales no permitía conservar la tranquilidad necesaria. Lo cierto es que a todo momento se preguntaba cuándo se presentaría y causaría estragos. En quienes la situación era de miedo tembloroso, en el caso más crítico, permanente e intenso, se decidió acudir al terapeuta. Desde ahí no se volvió a saber noticias, salvo que los internaron en un largo tratamiento sin comunicación con el mundo exterior, sin visitas y sin que indefinidamente los dieran de alta. Los demás siguen con el impacto hasta un nuevo temblor que no cause pánico; basta que sea la intensidad promedio o que la supere y pase del 5.5 para que el miedo irrumpa sin atenuantes y aparezcan declaraciones temblorosas y temblores no terremonstruosos.
Respuestas estandarizadas—AskChatGpt capcast 08,23:
"Si bien cada persona puede reaccionar de manera diferente durante un temblor fuerte, es común experimentar una serie de reacciones tanto físicas como emocionales y mentales.
Aquí hay algunas respuestas típicas que una persona puede tener durante un temblor fuerte:
1. Miedo o ansiedad intensa:
El temblor puede generar un sentimiento abrumador de miedo o ansiedad, ya que es una situación potencialmente peligrosa.
2. Pánico:
Algunas personas pueden entrar en pánico y sentirse desorientadas o incapaces de tomar decisiones claras.
3. Preocupación por la seguridad personal y de otros:
Durante un temblor, es común que las personas se preocupen por su propia seguridad y la de aquellos que les rodean, especialmente amigos y familiares.
4. Reacciones físicas:
Los síntomas físicos comunes incluyen temblores, sudoración, palpitaciones, dificultad para respirar, náuseas o mareos.
5. Pensamientos acelerados:
Durante un temblor, es posible que la mente se acelere y se llenen de pensamientos negativos o preocupaciones sobre el terremoto y sus consecuencias.
6. Necesidad de buscar refugio:
La persona puede sentir la necesidad de buscar rápidamente un lugar seguro, como debajo de una mesa o un marco de puerta, para protegerse de los posibles daños causados por el temblor.
Es importante tener en cuenta que estas respuestas pueden variar según la experiencia individual y la situación específica del temblor. Algunas personas pueden mantener la calma y actuar de manera tranquila y racional, mientras que otras pueden sentirse abrumadas por el miedo y la ansiedad." Ibídem
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“Estaba muerta de susto. Mire cómo tiemblan mis manos y piernas (...). Apenas salí corriendo de la casa, cedió la tierra de la montaña y cayó en el techo”. Diario del Pueblo, China 23:12. Cit. EE.
***
Carlos, Declaraciones temblorosas Hola, Carlos.
Con este relato construyes una escena coral muy interesante a partir de un temblor sísmico. Organizar el texto como una sucesión de testimonios que responden a la misma pregunta —¿Qué hiciste en el momento del temblor?— es un acierto formal. No hay una trama lineal, pero sí una acumulación de voces que, juntas, componen una experiencia compartida. Con ese juego coral generas una perspectiva múltiple del miedo. El núcleo temático está claro: el miedo ante el peligro real y concreto del sismo. Y lo trabajas de dos maneras. Por un lado, a través del cuerpo: contener la respiración, agarrarse a la silla, tensar los labios, sentir el balanceo como naufragio o turbulencia. Esos momentos son los más logrados, porque traducen el fenómeno físico en sensaciones directas. Cuando comparas el temblor con un barco que se hunde o con un avión que cae, el miedo pasa por el cuerpo y los lectores lo podrían experimentar como vértigo y pérdida de control. (Página 17 de 26 ).
Por otro lado, muchos personajes niegan explícitamente el miedo (“Nada”, “no tuve ningún temor”, “Permanecí relativamente tranquilo”). Esa repetición del “nada” funciona como una negación defensiva. El miedo se racionaliza (medir grados, confiar en la ciencia) o se desplaza hacia la fe (rezos, invocaciones). Ahí aparece un conflicto interesante, Carlos: no solo el temblor externo, sino la tensión entre control y vulnerabilidad, entre lo que sentimos y lo que admitimos sentir. Incluso queda flotando la sospecha de que alguno de los personajes esté disimulando. En cuanto al cambio, al ser un texto fragmentario no hay un arco claro en ningún personaje en concreto. Más bien sugieres una evolución colectiva: del evento puntual pasas a un miedo persistente, a la anticipación obsesiva, incluso a la internación terapéutica. Es un desplazamiento hacia la inquietud continua más que una superación.
Con este relato construyes una escena coral muy interesante a partir de un temblor sísmico. Organizar el texto como una sucesión de testimonios que responden a la misma pregunta —¿Qué hiciste en el momento del temblor?— es un acierto formal. No hay una trama lineal, pero sí una acumulación de voces que, juntas, componen una experiencia compartida. Con ese juego coral generas una perspectiva múltiple del miedo. El núcleo temático está claro: el miedo ante el peligro real y concreto del sismo. Y lo trabajas de dos maneras. Por un lado, a través del cuerpo: contener la respiración, agarrarse a la silla, tensar los labios, sentir el balanceo como naufragio o turbulencia. Esos momentos son los más logrados, porque traducen el fenómeno físico en sensaciones directas. Cuando comparas el temblor con un barco que se hunde o con un avión que cae, el miedo pasa por el cuerpo y los lectores lo podrían experimentar como vértigo y pérdida de control. (Página 17 de 26 ).
Por otro lado, muchos personajes niegan explícitamente el miedo (“Nada”, “no tuve ningún temor”, “Permanecí relativamente tranquilo”). Esa repetición del “nada” funciona como una negación defensiva. El miedo se racionaliza (medir grados, confiar en la ciencia) o se desplaza hacia la fe (rezos, invocaciones). Ahí aparece un conflicto interesante, Carlos: no solo el temblor externo, sino la tensión entre control y vulnerabilidad, entre lo que sentimos y lo que admitimos sentir. Incluso queda flotando la sospecha de que alguno de los personajes esté disimulando. En cuanto al cambio, al ser un texto fragmentario no hay un arco claro en ningún personaje en concreto. Más bien sugieres una evolución colectiva: del evento puntual pasas a un miedo persistente, a la anticipación obsesiva, incluso a la internación terapéutica. Es un desplazamiento hacia la inquietud continua más que una superación.
Pienso que podrías concentrar la experiencia en uno o dos personajes para construir un arco emocional más definido. Otra posibilidad —que me parece especialmente fértil— sería introducir un personaje cronista: alguien que formule la pregunta y recoja esas voces. ¿A quién le hablan todos? Si sitúas esa figura, el texto ganaría sostén y cohesión, y el conjunto tendría un eje más claro. También te sugiero reducir algunas repeticiones y afinar el lenguaje cuando se vuelve abstracto. Expresiones como “movimiento planetario indoblegable” diluyen un poco la intensidad. Cuando te centras en imágenes físicas y concretas, el miedo (“miedo tembloroso”, por ejemplo) resulta mucho más vívido para los lectores. Tu trabajo no llega a ser un relato en sentido tradicional, pero el juego coral es un acierto y exploras el miedo colectivo reflejado en distintas voces. Ahora puedes decidir si mantienes esa polifonía como apuesta formal o le das un ancla más definida manteniendo esa polifonía. Ahí tienes un camino muy estimulante para seguir trabajando, Carlos.
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